COP31: los líderes mundiales deben intensificar urgentemente la acción climática para proteger la salud

Con motivo de la celebración de la COP31, que tendrá lugar del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía), alertamos sobre las graves consecuencias de la crisis climática en la salud de las poblaciones más vulnerables y reclamamos medidas urgentes para protegerlas.

MSF
05/11/2026
Ouré Cassoni: en busca de agua

La COP31 debe situar la salud en el centro de la acción climática y transformar las negociaciones y declaraciones en medidas concretas para las comunidades más afectadas del mundo. “Es urgente intensificar la acción climática para que esté a la altura de la magnitud de la emergencia. El margen de oportunidad para evitar un futuro potencialmente catastrófico se está cerrando rápidamente», afirma la doctora Maria Guevara, nuestra secretaria médica internacional.

“Las consecuencias del cambio climático sobre la salud y la situación humanitaria son reales y aumentarán a medida que el planeta se caliente. Cada fracción de grado de calentamiento puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para las personas de muchas partes del mundo”, señala la doctora Guevara.

En la COP31, MSF pedimos medidas ambiciosas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y proporcionar apoyo urgente que permita a los países más afectados adaptarse y hacer frente a las crecientes consecuencias del cambio climático sobre la salud.

En nuestros proyectos en todo el mundo, nuestros equipos son testigos directos del impacto de la crisis climática en la salud. Para muchas comunidades, el cambio climático agrava las vulnerabilidades existentes relacionadas con la pobreza, el desplazamiento, los conflictos y el acceso limitado a la atención sanitaria.

Este año, en Somalia, la población está sufriendo una grave sequía tras cuatro temporadas de lluvias consecutivas fallidas, que está provocando desplazamientos generalizados y desnutrición debido a la pérdida de cosechas. En los asentamientos de personas desplazadas de Baidoa, casi la mitad de los menores de 5 años que examinamos presentaban desnutrición aguda en julio de este año.

  • La supervisora de agua y saneamiento (WASH) de MSF, Mila Tirikai, y el personal de MSF llegan a la isla de Nuotaea para llevar a cabo actividades médicas y de agua y saneamiento.

“Para nosotros, el cambio climático no es algo que vaya a ocurrir en el futuro. Ya está aquí», afirma Yahya Mohamed, originario de Baidoa y nuestro responsable de comunicación en Somalia.

“Lo vemos en el hospital en los niños y niñas que sufren desnutrición y en las familias que lo han perdido todo a causa de la sequía y han llegado a Baidoa sin nada. La población de Somalia ha contribuido muy poco a provocar esta situación, pero somos nosotros quienes vivimos sus consecuencias. Las decisiones que se tomen en la COP31 deben llegar a lugares como Baidoa”.

Sudán del Sur también se enfrenta a graves impactos climáticos simultáneos, entre ellos sequías en algunas zonas e inundaciones extremas en otras, que han devastado las cosechas y contribuido a agravar la desnutrición.

Este año, Madagascar ha sufrido ciclones consecutivos, además de sequías prolongadas y temporadas climáticas cada vez más irregulares. Estos riesgos climáticos agravan la inseguridad alimentaria, favorecen la propagación de enfermedades como la malaria y dificultan gravemente el acceso a la atención sanitaria, dejando aún más expuestas a las personas que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad. Como respuesta, MSF proporcionamos apoyo nutricional y trabajamos en colaboración con las comunidades locales para ofrecer atención sanitaria, al tiempo que contribuimos a preservar el entorno natural y los medios de vida de la población de la zona.

En Kiribati, en el Pacífico, el aumento del nivel del mar amenaza los hogares con inundaciones y provoca la contaminación de las reservas de agua subterránea por la entrada de agua salada. Esto reduce el acceso de la población al agua potable de calidad e incrementa el riesgo de enfermedades diarreicas. Además, la falta de agua limpia afecta a la higiene y favorece la propagación de infecciones cutáneas y oculares. Al mismo tiempo, las sequías reducen la disponibilidad de alimentos frescos y agravan los problemas nutricionales que ya existían, entre ellos la desnutrición, junto con las elevadas tasas de obesidad y enfermedades no transmisibles.

Se prevé que los efectos del cambio climático que sufren muchas de las comunidades a las que prestamos apoyo se vean agravados también por el fenómeno de El Niño, lo que aumentaría el riesgo de crisis sanitarias y humanitarias.

“La declaración de El Niño como una emergencia de grado 3 y las crecientes peticiones para que el cambio climático sea reconocido formalmente como una emergencia sanitaria mundial apuntan a una misma realidad: no estamos ante una amenaza futura, sino ante una emergencia que ya está desarrollándose y a la que debemos hacer frente”, afirma la doctora Guevara.

MSF trabajamos en más de 70 países de todo el mundo, la mayoría de los cuales se encuentran entre los más expuestos a los efectos del cambio climático sobre la salud y los que menos capacidad tienen para responder. Muchos de estos países, además, apenas han contribuido a provocar la crisis climática y, sin embargo, soportan sus consecuencias de manera desproporcionada.

La doctora Guevara señala que las comunidades que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad son las que sufren con mayor intensidad estos impactos. “Están pagando con su salud y sus vidas un problema que no han creado. Se trata de una situación profundamente injusta, ya que las personas más afectadas no son quienes originaron este problema”.

Para países como estos, que se encuentran en primera línea de los efectos del cambio climático, la COP31 debe contribuir a transformar los compromisos en planes de adaptación concretos que garanticen que las comunidades y los sistemas sanitarios estén preparados para afrontar sus consecuencias.

“Esto significa disponer de servicios sanitarios capaces de adaptarse a unas necesidades cambiantes y cada vez mayores: centros de salud que puedan resistir los impactos climáticos, que cuenten con un suministro fiable de agua y energía, personal sanitario preparado y medicamentos y material médico suficientes. Los países más afectados llevan tiempo reclamando apoyo financiero para hacer frente a las crecientes consecuencias del cambio climático, pero no lo están recibiendo”, afirma la doctora Guevara.

MSF pedimos que se aumente la financiación climática para que los países puedan prepararse y responder a los efectos del cambio climático, así como reconstruir sus sistemas sanitarios después de una catástrofe. Esta financiación debe ser adicional y no proceder de los presupuestos de ayuda existentes, y debe llegar realmente a las personas y comunidades que están sufriendo las consecuencias más graves.

“En la COP31 necesitamos ver decisiones que se traduzcan en apoyo real para los países y las comunidades más afectados. Lo que estamos viendo hoy es, sencillamente, insuficiente y demasiado lento”.

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