El desafío del virus de Bundibugyo ¿por qué es diferente este brote de ébola?

El 15 de mayo de 2026, el Ministerio de Salud de República Democrática del Congo (RDC) declaró oficialmente un brote de Ébola en el noreste del país, donde operan equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF). Desde entonces, las autoridades han notificado cerca de 500 casos sospechosos y más de 130 muertes en múltiples zonas sanitarias. Ese mismo día, Uganda anunció que el virus había cruzado sus fronteras. El brote está causado por el virus Bundibugyo, más raro y para el que aún no se ha aprobado ninguna vacuna ni tratamiento.

MSF
24/05/2026

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  • Los equipos de MSF dan una formación al personal del Hospital Kyeshero de Goma sobre cómo trabajar en un entorno afectado por el ébola.

    John Johnson, nuestro responsable médico de vacunación y respuesta a epidemias, explica las características específicas de este virus y los desafíos en la atención a los pacientes.

    ¿Existen vacunas disponibles para combatir este brote de la enfermedad del Ébola?

    Actualmente hay dos vacunas aprobadas contra el ébola, pero ninguna de ellas está aprobada para su uso en casos de infección por el virus de Bundibugyo.

    La vacuna Ervebo (rVSV-ZEBOV) puede utilizarse para limitar la propagación de la enfermedad mediante la denominada estrategia de ‘vacunación en anillo’, lo que significa que se administra a personas que han estado en contacto con un individuo infectado, a contactos secundarios y a trabajadores sanitarios. La otra vacuna puede utilizarse tanto durante los brotes para las personas con riesgo de exposición al virus, como medida preventiva antes de los brotes para el personal de primera línea o para quienes viven en zonas aún no afectadas por el brote.

    Sin embargo, en la actualidad estas dos vacunas solo están aprobadas contra el virus más común responsable de la enfermedad del Ébola (conocido como ‘virus Ébola’, anteriormente denominado ‘virus Zaire’), que causó el devastador brote en África Occidental entre 2014 y 2016.

    Se están llevando a cabo debates en la Organización Mundial de la Salud (OMS) para determinar qué vacunas candidatas podrían someterse a ensayos clínicos de emergencia contra el virus Bundibugyo, tal y como se ha hecho en brotes anteriores de la enfermedad del Ébola. MSF está dispuesta a contribuir a esta investigación, tal y como hizo durante los ensayos realizados en la RDC en 2019. Esos ensayos condujeron a la aprobación y comercialización de dos vacunas y tratamientos.

    ¿Existe algún tratamiento para el virus Bundibugyo?

    Actualmente no existe ningún tratamiento aprobado para la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo.

    Los dos anticuerpos monoclonales autorizados tras los ensayos clínicos realizados en la República Democrática del Congo entre 2018 y 2020 son igualmente específicos para una especie de ébola, pero no para el virus Bundibugyo. Dicho esto, existen candidatos antivirales y anticuerpos monoclonales experimentales, aunque su eficacia aún no se ha establecido.

    A falta de un tratamiento específico, la atención se basa principalmente en el control de los síntomas (como fiebre, dolor de cabeza, vómitos, diarrea, etc.) y en una terapia intensiva de apoyo para mejorar las posibilidades de supervivencia de los pacientes: reposición de líquidos, soporte con oxígeno y seguimiento estrecho de los parámetros sanguíneos y cardíacos. Durante los dos brotes anteriores de la enfermedad del Ébola causados por el virus Bundibugyo, la tasa de letalidad estimada osciló entre el 25% y el 40%.

    ¿Qué herramientas de detección hay disponibles?

    Otro obstáculo importante en la respuesta a este brote es la capacidad de diagnosticar rápidamente a las personas afectadas por la enfermedad. Las pruebas de PCR requieren cartuchos de diagnóstico específicos para el virus. Sin embargo, actualmente no hay suficientes cartuchos disponibles para el virus de Bundibugyo, lo que ralentiza considerablemente la confirmación de los casos y, en consecuencia, la implementación del rastreo de contactos y el aislamiento de los pacientes.

    Sin ninguna vacuna ni tratamiento aprobados, ¿qué se puede hacer para limitar la propagación?

    A falta de tratamientos y vacunas aprobados, la respuesta se basa en una combinación de medidas epidemiológicas y de salud pública: aislamiento temprano de los casos sospechosos y confirmados; seguimiento diario de los contactos durante 21 días con cuarentena inmediata ante la aparición de síntomas; protocolos estrictos de prevención y control de infecciones (higiene de manos, gestión de residuos, puntos de agua clorada, Equipos de Protección Individual para el personal sanitario); entierros seguros y dignos para prevenir la transmisión durante los rituales funerarios; y trabajo epidemiológico sobre el terreno para reconstruir las cadenas de transmisión e identificar prácticas de alto riesgo. También es fundamental garantizar el acceso continuado a la atención no relacionada con el ébola para las personas de las zonas afectadas.

    Nada de esto puede funcionar sin una participación sostenida de la comunidad —informar a la población y generar confianza—; una tarea mucho más difícil en contextos marcados por la inseguridad y el acceso limitado a la atención sanitaria, como en las provincias de la RDC actualmente afectadas por la enfermedad.

    La urgencia de una respuesta rápida queda subrayada por una cifra aleccionadora: más de 50 personas ya habían fallecido desde principios de abril, antes incluso de que el brote se declarara oficialmente el 15 de mayo —una señal de detección tardía, un patrón característico de las primeras etapas de los brotes de ébola, pero especialmente preocupante en el actual a la luz del elevado número de casos sospechosos y de muertes.

    ¿Qué sabemos sobre la propagación del brote?

    MSF recibió las primeras alertas los días 9 y 10 de mayo, en las que se informaba de un número creciente de muertes en la zona sanitaria de Mongwalu, al noroeste de Bunia, en Ituri. Posteriormente se identificaron casos en las zonas sanitarias de Bunia y Rwampara, y unos días más tarde en la provincia vecina de Kivu Norte, incluida su capital, Goma, lo que apunta a una propagación ya significativa por todo el territorio.

    Las autoridades sanitarias de Uganda —que comparte frontera con RDC— confirmaron un primer caso, que falleció el 14 de mayo. El domingo 17 de mayo, la OMS activó su nivel de alerta más alto en respuesta al brote.

    Brotes de ébola y MSF

    Este es el decimoséptimo brote de ébola que ha sufrido la RDC desde que se descubrió el primer caso en 1976, y el tercero en el que interviene específicamente el virus de Bundibugyo, tras los brotes en Uganda en 2007-2008 y en la RDC en 2012.

    Durante la última década, MSF ha respondido a múltiples brotes de ébola, sobre todo en África Occidental entre 2014 y 2016, en la RDC entre 2018 y 2020, y en Uganda en 2022 y 2025.