Enfermeras y enfermeros: empáticos, empoderados y esenciales

En el Día Internacional de la Enfermería, Médicos Sin Fronteras (MSF) celebramos a nuestras enfermeras y enfermeros, así como sus habilidades, compasión y empatía mientras acompañan a los pacientes a lo largo de sus procesos de atención sanitaria, desde el nacimiento hasta el final de la vida, allí donde estén.

MSF
12/05/2026

Ayúdanos a dar asistencia esencial

  • Djibril Ouedraogo, supervisor de enfermería, y sus colegas apoyan a un paciente en el manejo de su enfermedad no transmisible en la sala de tratamiento especializada de Dédougou, Burkina Faso.

    El personal de enfermería es la piedra angular de los sistemas de salud en todo el mundo y constituye un elemento fundamental de nuestra acción médico-humanitaria. Contamos con el trabajo comprometido de más de 10.000 enfermeras y enfermeros en todo el mundo —el mayor grupo profesional dentro de nuestras operaciones— para proporcionar atención sanitaria esencial.

    A menudo trabajando en sus propias comunidades, el personal de enfermería también soporta el peso de los desafíos colectivos, al tiempo que contribuye de manera crucial a la resiliencia de las personas.

    La escasez mundial de personal sanitario afecta de forma especialmente grave al personal de enfermería. Los países de bajos ingresos tienen una densidad de enfermeras 10 veces menor que los países de altos ingresos, según el informe State of the World’s Nursing de 2025. Al mismo tiempo, las emergencias humanitarias desplazan al personal sanitario y alteran los sistemas en los que trabajan, poniendo en riesgo el acceso de las personas a cuidados esenciales y sus propias vidas.

    “He visto demostraciones increíbles de humanidad en medio de todo esto, y vienen del personal de enfermería”, afirma Jean Stowell, nuestra primera responsable de enfermería. “Son las enfermeras quienes hacen seguimiento de estos pacientes, y además suelen atender a muchos más pacientes de los razonables en muchos casos. Y creo que olvidamos que, en su día a día, están viendo muchísimo trauma… Siempre me siento increíblemente orgullosa de ver cómo las enfermeras de MSF siguen manteniendo su humanidad, y creo que eso es una cualidad extraordinaria”.

    • Lidah Fikaoussou Felicite, enfermera supervisora en el hospital de Mweso, en República Democrática del Congo.

    Una carrera inspirada por la conexión humana

    El camino de Abdulrahman Arour hacia la enfermería comenzó en 2011, durante la guerra en Siria. “Con los bombardeos y la destrucción, fui testigo directo del sufrimiento de las personas, y eso me hizo querer formar parte de los equipos médicos para ayudarles y aliviar su dolor”, explica.

    “Participé en el traslado de heridos, ayudé a rescatar personas atrapadas bajo los escombros, presté primeros auxilios y trasladé a los heridos al punto médico más cercano de la zona. Eso me animó a matricularme en la Escuela de Enfermería de Alepo”.

    Hoy Abdulrahman trabaja como enfermero en nuestra unidad de quemados en Atmeh, en el noroeste del país, donde muchas personas siguen desplazadas y viven en campamentos sin servicios básicos como calefacción o electricidad. El combustible disponible para cocinar o calentarse es de mala calidad y las personas viven hacinadas en pequeñas tiendas de campaña. “Todos estos factores han provocado numerosos casos de quemaduras, especialmente entre mujeres y niños”, explica.

    “Cuando un paciente con quemaduras llega al hospital, normalmente sufre varios problemas. Una quemadura puede causar problemas psicológicos y secuelas físicas como deformaciones de la piel”. En las secuelas compartidas de la guerra, Abdulrahman cuida a pacientes con quemaduras tras sus cirugías y durante todo su proceso de rehabilitación.

    Al igual que Abdulrahman, Djibril Ouedraogo eligió la enfermería para aliviar el sufrimiento. Su rostro se ilumina cuando habla de la profesión que eligió en su Burkina Faso natal. “Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Salud Pública tenía claro que quería trabajar en el sector humanitario. Apoyar la acción humanitaria ayuda a garantizar que las comunidades vulnerables tengan acceso a atención sanitaria”, explica Djibril. Nuestro supervisor de enfermería en Dédougou, en colaboración con el Ministerio de Salud, forma parte de un equipo que atiende tanto a jóvenes como a personas mayores.

    “Tenemos muchas personas que han tenido que abandonar sus ciudades y que ahora están en Dédougou”, explica Djibril, en referencia a las sucesivas olas de conflicto armado desde 2022. Algunas viven con enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes, difíciles de manejar para cualquier persona, viva donde viva. “Son pacientes con los que debemos generar confianza y tranquilizar desde el primer momento del triaje. Una vez instalados fuera de la sala de tratamiento… organizamos apoyo en salud mental con un equipo especializado. Después, en la consulta, el paciente se siente tranquilo; si antes había algo de lo que no quería hablar, ahora se siente seguro y realmente cómodo para hablarlo con el enfermero”.

    • Abdularahman Arour, enfermero de la unidad de quemados en Atmeh, Siria

    El impulso de la familia y el cuidado

    Susan Adingo es enfermera especializada en cuidados paliativos del Ministerio de Salud y trabaja en colaboración con MSF proporcionando atención que ayuda a mantener la calidad de vida de personas con enfermedades terminales o que limitan gravemente la vida. En el Hospital de Referencia del Condado de Homa Bay, en Kenia, los cuidados paliativos están integrados tanto para pacientes hospitalizados como a través de una clínica ambulatoria y atención domiciliaria. Los pacientes pueden padecer enfermedades renales, hepáticas, VIH avanzado, cáncer o estar recuperándose de un ictus.

    “Siempre tuve una sensibilidad especial hacia las personas enfermas y necesitadas”, cuenta Susan. “Luego recibí el apoyo de mis padres cuando vieron mi interés por ayudar a los demás, especialmente a las personas enfermas. Tomamos la decisión juntos. Después ingresé en una Escuela de Enfermería. Y así comenzó mi camino”.

    En República Democrática del Congo, la responsable de actividades de enfermería Lidah Fikaoussou Felicite continúa construyendo su carrera profesional y humanitaria, una trayectoria que empezó en Chad pero que podría haber sido muy distinta. “Fue sugerencia de mi padre. Yo había empezado a estudiar Derecho en la universidad. Pero después de aquella sugerencia decidí entrar en una Escuela de Enfermería y creo que fue la mejor sugerencia que mi padre me hizo jamás”, dice Lidah.

    Los enfrentamientos frecuentes entre grupos armados han agravado las necesidades de salud y supervivencia de la población en la zona de Mweso, donde Lidah forma parte de uno de nuestros equipos que apoya al Hospital General de Referencia de Mweso y a seis centros de salud junto al Ministerio de Salud.

    “En mi opinión, las enfermeras merecen una gran admiración y reconocimiento. Porque cuidamos de todos los pacientes que llegan al hospital, velamos por su bienestar y, a veces, no podemos evitar sentir su dolor. En este trabajo sientes el peso de lo que puede estar sintiendo la otra persona, y esa es la realidad diaria de todas las enfermeras, aquí o en cualquier otro lugar del mundo. Y especialmente en Mweso, donde las enfermeras forman parte de la población general. Ellas también sufren las consecuencias de una situación complicada”.

    • Susan Adingo, enfermera de cuidados paliativos en el hospital de Homa Bay, Kenia.

    Trabajar más debido a la escasez

    Los datos mundiales sobre enfermería muestran un enorme abismo entre países de bajos ingresos como Afganistán o Burkina Faso y países de altos ingresos como Australia, Suiza o Estados Unidos. En unos casos hay menos de 10 profesionales de enfermería por cada 10.000 habitantes; en otros, más de 100. Estas bajas cifras suelen reflejar obstáculos como menores oportunidades educativas, salarios más bajos y entornos laborales más duros.

    La supervisora de equipos de enfermería Fatima Sadiqi ha desarrollado su carrera con resiliencia frente a estos desafíos. “Comencé a trabajar con MSF en 2014 como enfermera de urgencias”, explica durante un turno en el centro de nutrición terapéutica para pacientes hospitalizados que MSF gestiona dentro del Hospital Boost, en la provincia afgana de Helmand. “Desde entonces he crecido dentro de la organización, asumiendo más responsabilidades y desarrollando mis capacidades, lo que me llevó a mi puesto actual”.

    El Hospital Boost de Helmand es un importante hospital de referencia para el sur de Afganistán y “muchos pacientes llegan en estado muy crítico y requieren atención urgente y especializada. Nuestros desafíos incluyen una elevada carga de trabajo, pacientes críticos y recursos limitados”, explica. “Pero afrontamos estas dificultades gracias al trabajo en equipo, una buena comunicación entre nosotros y manteniendo la calma bajo presión”.

    Sin embargo, cada vez es más difícil encontrar suficientes enfermeras para atender esta elevada carga de pacientes. Desde 2022, las mujeres y niñas tienen prohibido asistir a la universidad, incluidos los estudios médicos y paramédicos, lo que les impide incorporarse como enfermeras tituladas al sistema sanitario.

    Las emergencias humanitarias prolongadas también están interrumpiendo la formación de enfermería y la incorporación de nuevos profesionales en todo el mundo. Escuelas cerradas, estudiantes desplazados o luchando simplemente por sobrevivir. Muchas enfermeras tampoco pueden avanzar hacia especializaciones como anestesia o práctica avanzada. Quienes han huido como refugiadas, además, pueden no tener permiso para trabajar.

    Las enfermeras participan en procesos de formación continua en todos nuestros proyectos de, y nuestra academia, la MSF Academy for Healthcare, desarrolla programas prácticos de formación en el lugar de trabajo para auxiliares y personal de enfermería en varios países donde trabajamos. Pero nada puede sustituir los años de aprendizaje y desarrollo que normalmente proporcionarían los currículos nacionales.

    • El personal baja las escaleras hacia la sala de pediatría y el centro de nutrición terapéutica para pacientes hospitalizados del Hospital Boost, en Afganistán.

    La educación es solo una parte del empoderamiento

    “Parte de la satisfacción de ser enfermera es llegar a ser realmente buena en tu trabajo, y todas las enfermeras quieren eso. Quieren hacer muy bien su labor, quieren cuidar a las personas de la mejor manera posible”, afirma Jean.

    Sin embargo, en un mundo altamente medicalizado, el trabajo y la contribución del personal de enfermería pueden pasar desapercibidos, pese a la enorme cantidad de investigaciones que demuestran la importancia de los cuidados enfermeros. En parte, esto se ha relacionado con la infravaloración histórica de los cuidados asociados a las mujeres. Pero incluso en culturas donde la enfermería incluye a más hombres, las enfermeras siguen sin ser valoradas del mismo modo que los médicos u otras profesiones especializadas.

    Jean añade: “Los buenos cuidados de enfermería muchas veces no se notan”, especialmente los cuidados preventivos y el sufrimiento evitado gracias a ellos. El juicio clínico y la capacidad de toma de decisiones de las enfermeras también pueden quedar eclipsados por otras contribuciones percibidas como más críticas en una crisis.

    Para Lidah, “los mejores momentos son cuando intercambiamos ideas entre nosotros, el equipo de enfermería, y también con los médicos. A través de esas conversaciones queda claro que todos estamos ahí con el objetivo de mejorar la calidad de la atención y contribuir al bienestar de las personas que llegan al hospital”.

    En Homa Bay, Susan se siente empoderada cuando puede colaborar, pero también cuando puede defender a los pacientes.

    Aunque gran parte del trabajo de las enfermeras no esté en el centro de atención, son aliadas esenciales tanto para los pacientes como para sus compañeros sanitarios. Empoderadas, no solo pueden salvar vidas: también pueden desempeñar un papel clave en la construcción del futuro de la atención sanitaria, allí donde estén.

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