Malaria en Gummi: cuando llegar a tiempo salva vidas

Cada temporada de lluvias, la malaria llena las salas del hospital que apoyamos en Gummi, en el noroeste de Nigeria. Niños y niñas llegan con cuadros graves que podrían haberse evitado con atención temprana. En un contexto de pobreza y acceso limitado a la salud, el diagnóstico precoz y el tratamiento inmediato marcan la diferencia entre sobrevivir o no.

MSF
12/01/2026
Amina Lawali se sienta junto a su hijo Yusufa mientras se recupera de una malaria grave en el hospital de Gummi, apoyado por MSF

Las salas del hospital que apoyamos en Gummi, en Nigeria, rara vez están en silencio durante la temporada de lluvias. Las madres se sientan junto a las camas metálicas, vigilando a niños y niñas que padecen fiebre, convulsiones y agotamiento. Afuera, la lluvia trae alivio del calor. Pero dentro de las paredes del hospital, también provoca un aumento de los casos de malaria complicada que llevan a familias y personal sanitario al límite.

“Durante la temporada de lluvias, registramos la mayor afluencia de casos de malaria en nuestro proyecto”, explica el doctor Balarabe Tirmizi, uno de nuestros médicos en Gummi. “Las cifras han aumentado año tras año. Muchos niños y niñas llegan muy tarde y en estado grave, pero cuando llegan a tiempo, la malaria es tratable. El diagnóstico precoz y la atención inmediata marcan la diferencia entre la vida y la muerte”.

Gummi, en el noroeste de Nigeria, se encuentra dentro del cinturón de malaria de la sábana del Sahel, que se extiende por varios países de la región, donde la malaria es endémica y sigue siendo una de las principales causas de enfermedad. La malaria está presente durante todo el año, pero alcanza su punto máximo en la temporada de lluvias, entre junio y octubre. El agua estancada procedente de las lluvias, las actividades agrícolas y el agua almacenada alrededor de los hogares crean condiciones ideales para la reproducción de los mosquitos. Los niños y niñas menores de 5 años y las mujeres embarazadas son los más afectados.

Aunque se trata de una enfermedad prevenible y tratable, la demora en la atención puede convertir la malaria en una emergencia potencialmente mortal.

  • Rafaatu Abubakar cuida de su hijo Misbahu durante su recuperación en Gummi.

La pobreza y el acceso limitado a los servicios de salud hacen que muchas familias recurran primero a remedios herbales o tradicionales, con la esperanza de que los síntomas desaparezcan. Cuando finalmente buscan atención médica, los niños y niñas suelen estar ya muy enfermos o en estado crítico.

Nuestros equipos en el centro que apoyamos en Gummi ven cada día las consecuencias de estos retrasos. Rafaatu Abubakar llevó a su hijo Misbahu al hospital después de que la malaria le provocara una anemia grave. “Nos ingresaron y le dieron una transfusión de sangre”, cuenta. “También nos dieron comida y se ocuparon de todo lo que necesitábamos”. Hace una pausa antes de añadir: “Si nos hubiéramos quedado más tiempo en casa, no sé qué habría pasado”.

Otra madre, Ummul Khairi, llevó a dos de sus hijos e hijas al hospital que apoyamos tras semanas de preocupación. Su hija Maryam sufría malaria y desnutrición aguda grave; su pequeño cuerpo estaba debilitado por la enfermedad y el hambre.

“Vinimos aquí para buscar atención y estamos contentos con la atención que recibimos”, dice Ummul. “Los médicos trabajaron duro por mis hijos. Hubo comida, agua y ningún tipo de discriminación”.

Tras casi tres semanas en el hospital, la familia pudo regresar a casa. “Mis hijos están mejorando y volveré a casa con valentía y felicidad”, nos cuenta Ummul.

Casos como los de Misbahu y Maryam ponen de relieve cómo la malaria suele entrelazarse con otros problemas de salud. Muchos niños y niñas ingresados por desnutrición también están infectados por malaria, lo que agrava su estado y dificulta la recuperación. El personal sanitario debe tratar varias enfermedades al mismo tiempo, a menudo bajo una enorme presión durante los meses de mayor incidencia.

En medio de estos desafíos, el acceso a una atención gratuita y de calidad es esencial para salvar vidas. Durante la temporada alta, el número de pacientes con malaria en el hospital de Gummi supera con frecuencia la capacidad disponible, lo que obliga al equipo a ampliar el espacio. Lo que antes era una pequeña sala de malaria ha crecido rápidamente para responder al aumento de las necesidades, con más camas, un triaje mejorado y servicios de laboratorio reforzados. También se han abierto tres consultas externas dedicadas a la detección y el tratamiento de la malaria para reducir la congestión y garantizar una atención más rápida.

  • Salas de malaria del hospital de Gummi, en Nigeria

Nuestros equipos trabajan junto al personal sanitario local para garantizar que los pacientes reciban tratamiento con rapidez y dignidad. La confianza entre la comunidad y el hospital sigue siendo fundamental para este esfuerzo, ya que anima a las familias a buscar atención médica de forma temprana.

Más allá del tratamiento, la prevención de la malaria sigue siendo clave. Medidas sencillas como dormir todas las noches bajo mosquiteras, mantener el entorno libre de agua estancada y participar en las campañas estacionales de quimioprevención de la malaria pueden reducir significativamente el riesgo. El diagnóstico precoz en los centros de salud cercanos también evita que una enfermedad leve se convierta en grave.

En Gummi, la malaria continúa suponiendo una pesada carga para las familias y los servicios de salud. Los cambios en los patrones de lluvia y las temporadas de transmisión más largas hacen que el desafío sea cada vez mayor. Sin embargo, cada niño o niña que se recupera, cada madre que regresa a casa aliviada y no de luto, es un recordatorio de lo que puede lograr una atención a tiempo.

Nuestros equipos siguen comprometidos con la provisión de tratamiento gratuito y vital contra la malaria, así como con el refuerzo de los esfuerzos de prevención. En un lugar donde la malaria sigue siendo una amenaza diaria, el acceso a la atención sanitaria no es solo un servicio. Es un salvavidas.

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