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Etiopía: campo de refugiados de Liben

11.08.2011
© Sisay Zerihun / MSF

Campo de prerregistro de Liben. Refugiados somalíes esperan a ser transferidos al campo de tránsito, donde son oficialmente registrados como tales y reciben sus primeras raciones de comida.

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“Los refugiados llegan en un estado de salud muy frágil, empeorado por los largos días de camino para llegar a la frontera con Etiopía desde sus lugares de origen”, explica Guillem Pérez, coordinador de emergencias en Liben, Etiopía. Pastores seminómadas o pequeños agricultores, esperaron en vano la llegada de las lluvias hasta el último momento.

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Campo de prerregistro. Uno de cada dos niños menores de 5 años llegados a los campos de Liben están desnutridos, según una evaluación rápida de MSF. Los equipos valoran el estado de las familias tan pronto llegan a los campos para transferir a los centros de salud a aquellos en situación más grave.

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Campo de prerregistro. El viaje de los refugiados desde Somalia puede ser de más de 20 días. Algunos viajan de noche para evitar encuentros con hombres armados.

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Campo de prerregistro. Los refugiados se aprestan a disponer sus bártulos en la furgoneta que los llevará al campo de tránsito. Casi la mitad de los refugiados en Liben (118.000) llegaron entre los meses de junio y julio huyendo de la sequía. Desbordaron unos campos diseñados para 45.000 personas.

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Campo de tránsito. Refugiados haciendo cola para recibir su ración de comida. El campo de tránsito está diseñado para albergar a unos centenares de personas. En la actualidad son más de 15.000, a la espera de que abran nuevos campos en Liben.

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Campo de tránsito. Los refugiados se quejan de falta de comida, agua y tiendas. Se ven obligados a construirse refugios improvisados con ramas y pedazos de tela. El hacinamiento en el campo empeora las condiciones de higiene y saneamiento, e impacta asimismo en la salud general de la población.

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Campo de tránsito. La gran mayoría de los niños ingresados por desnutrición severa sufren diarrea y deshidratación. La distribución de suficiente agua de calidad en los campos es una prioridad.

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Idimo Mohied Idivis. Tras perder todo su ganado por la sequía, Idimo Mohied, de 47 años, caminó con su hijo más pequeño durante siete días. Tras 10 días en el campo de prerregistro, lleva más de una semana en el de tránsito. Pide ser realojada lo antes posible en un campo definitivo. Se queja de raciones inadecuadas y de no tener un lugar donde dormir.

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Sala de espera del centro de salud de MSF en  el campo de tránsito. Padres y madres esperan a que sus hijos sean pesados y medidos y, en caso de ser necesario, incluidos en el programa de nutrición.

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Vacunación de sarampión. Unos 600 niños menores de 15 años son vacunados diariamente en el campo de tránsito. Combinado con altas tasas de desnutrición, el sarampión puede ser una enfermedad letal.

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Descarga de sacos de harina en el campo de Kobe. Las familias de niños con desnutrición reciben comida adicional (harina y aceite) y una manta.

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Tras la muerte de su ganado y la pérdida de la cosecha, Amina Dakey, de 30 años, ha caminado durante más de una semana para llegar a Liben. “Vendimos las últimas cabras para comprar comida para el camino, pero no fue suficiente”. Los precios de la comida en Somalia se han disparado. Como consecuencia, el hijo menor de Amina recibe alimentos terapéuticos en el campo de Kobe

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Bolsas de alimentos terapéuticos, de harina y una manta. Con el reparto de comida para la familia, se evita que el resto de miembros consuman los alimentos terapéuticos destinados los que están desnutridos.

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Los niños en programas de nutrición acuden semanalmente a los centros donde se hace el seguimiento de su evolución.

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Aden Abdi, de Wajid, caminó con sus cuatro hijos y su mujer durante 10 días. “Todas nuestras cabras murieron, no obtuvimos nada de nuestras cosechas. Mi hijo pequeño está desnutrido y mi mujer, enferma, con problemas respiratorios”. Abdi es de los pocos refugiados que asegura querer regresar a Somalia, “si vuelven las lluvias”.

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Campo de Bokolmayo. Es uno de los campos más antiguos, creado en 2009. Con capacidad para 20.000 personas, alberga el doble. Se pretende abrir dos campos más para acabar con el hacinamiento actual.

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Sala de espera del centro de salud del campo de Kobe. MSF tiene programas nutricionales en los cinco campos de Liben, fronterizos con Somalia. Más de 9.500 niños reciben tratamiento contra la desnutrición.

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Campo de Malkadida. Centro de salud. Los trabajadores de salud comunitarios pesan y miden a los niños para determinar su grado de desnutrición y valorar su evolución.

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Centro de estabilización del campo de Malkadida. La Dra. Carolina Nanclares explica que la mayoría de los niños ingresados por desnutrición severa presentan complicaciones que ponen en riesgo su vida, como diarreas persistentes e infecciones respiratorias.

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Centro de estabilización del campo de Malkadida. En un solo mes han pasado por el centro cerca de 200 niños en estado muy grave.

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“Salimos de Qansah Dere en coche, con mi marido y su primera mujer, pero el vehículo se estropeó. Tuvimos que caminar más de una semana y sólo pudimos comer lo que nos daba la gente por caridad”, explica Hajida Isaac, de 30 años y con dos hijos. “No, no creo que podamos volver a Somalia ni a corto ni a medio plazo, necesitamos algo de comer y paz, y eso no lo encontraremos allí”.