La capital de Somalia, Mogadiscio, está llena de basura. El país ha sufrido 20 años de guerra civil sin una verdadera administración central que se encargue de la gestión de residuos.
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Mogadiscio: Desplazados en peligro
Desde julio, muchos somalíes han abandonado las regiones del centro de su país en busca de refugio en la capital, Mogadiscio. Han tenido que irse debido a las escasas cosechas, la pérdida de su ganado por la sequía, la subida de los precios y la inseguridad reinante. Sin embargo, cuando llegan a Mogadiscio están expuestos a innumerables problemas de salud.
El agua que se vende en carros por las calles de Mogadiscio a menudo es salobre y poco segura, pero la ciudad no cuenta con un sistema de suministro de agua operativo.
Más de 150.000 desplazados han llegado a Mogadiscio desde julio, huyendo de la sequía que afecta a las regiones centrales del país. La mayoría de ellos se han asentado en campos como el de Rajo, situado en una playa de la ciudad.
La falta de higiene en los campos aumenta la vulnerabilidad de las personas a enfermedades infecciosas como el cólera, el sarampión y la neumonía.
Conseguir agua y alimentos es un verdadero reto en la vida diaria de los desplazados.
Organizaciones no gubernamentales internacionales y locales realizan distribuciones regulares de alimentos.
Médicos Sin Fronteras (MSF) distribuye alimentos terapéuticos preparados (ready-to-use therapeutic food o RUTF) cada semana a las familias con niños para prevenir la desnutrición.
Personal de MSF pesa a un niño para detectar si sufre desnutrición en unos de los puestos de salud de la organización en campos de desplazados.
Un niño ingresado en uno de los cuatro centros de nutrición terapéutica intensiva de MSF en Mogadiscio. Los niños con desnutrición severa deben ser hospitalizados cuando presentan complicaciones que puede poner su vida en peligro.
Las madres también reciben alimentos en los centros de nutrición. Una alimentación adecuada les permite amamantar mejor a sus hijos.
Los desplazados recién llegados a menudo están exhaustos y deshidratados.
Los brotes de sarampión son frecuentes y mortales, y los niños desplazados raras veces han sido vacunados. El sistema de salud somalí lleva décadas en franco deterioro.
Hay muy poco personal internacional trabajando en Mogadiscio por falta de seguridad. Los proyectos de MSF funcionan mayoritariamente con personal somalí.
El 95% del personal de MSF en el país es de origen somalí.
MSF recoge testimonios de los pacientes desplazados para entender mejor la situación humanitaria en las zonas de donde proceden y a las que los equipos no pueden acceder.
