Kenia
La sequía en el Cuerno de África agravó la terrible situación de los refugiados de los abarrotados campos de Ifo, Dagahaley y Hagadera, cerca de Dadaab, en el este del país. La oleada de somalíes que llegaron allí en busca de seguridad, alimento, atención sanitaria y refugio produjo una emergencia humanitaria. Los campos, cuya capacidad es de 90.000 personas, acogieron hasta casi medio millón de refugiados, lo que convirtió la zona de Dadaab en la tercera aglomeración urbana más poblada de Kenia. En julio, en el apogeo de la crisis, los niveles de desnutrición excedieron alarmantemente el umbral de emergencia. Las agencias humanitarias no daban abasto.
Aunque se abrieron dos nuevos campos, Ifo-2 y Kambioos, al final de 2011 unos cinco mil refugiados vivían en el exterior del de Dagahaley por falta de sitio. En este último campo, con casi 125.000 refugiados admitidos, MSF era el principal proveedor de atención médica. También atendimos a los refugiados derivados a nuestro hospital desde otros campos. Triplicamos nuestra capacidad con la habilitación de un centro de nutrición de emergencia de más de 200 camas, al tiempo que ofrecíamos servicios de maternidad, pediatría, urgencias y medicina general en un hospital de cien camas.
En nuestro hospital y centros de salud del campo de Dagahaley realizamos unas 170.000 consultas, cuatro mil más de las previstas al mes. También ingresamos en el proyecto de nutrición ambulatoria a una media de 350 personas al mes, sumando un total de más de 11.500 pacientes al final del año. Como la mayoría de los refugiados somalíes habían recibido poca o ninguna atención médica durante veinte años, lanzamos una campaña de vacunación contra el sarampión para prevenir brotes.
En julio, y tras largas negociaciones con el Gobierno de Kenia y las comunidades locales, empezamos a trabajar en el campo de Ifo-2. Pero apenas tres meses después, en octubre, dos de nuestras compañeras fueron secuestradas por un grupo de hombres armados, lo que nos obligó a reducir nuestras actividades en el campo.
El deterioro de la seguridad llevó a suspender la admisión de refugiados y, por tanto, su traslado a Dadaab o su reubicación en otros lugares. La reducción generalizada de las actividades no vitales amenazó con echar por tierra los avances logrados a lo largo del año.
Liboi, a 80 kilómetros de Dadaab, es uno de los principales pasos fronterizos entre Somalia y Kenia. Durante el apogeo de la oleada de refugiados, MSF prestó atención médica a kenianos y somalíes en un centro de salud de esta localidad. Más al sur, en el distrito de Ijaara, reforzamos al personal del Ministerio de Sanidad en los servicios de atención materno-infantil. En marzo, los combates en Bula Hawa empujaron a unos 15.000 refugiados y cinco mil desplazados somalíes a cruzar la frontera e instalarse Mandera. MSF reforzó el hospital del distrito, donde realizamos más de 1.500 consultas externas.
La sequía en el Cuerno de África afectó también a otras partes de Kenia. En abril, organizamos clínicas móviles y garantizamos el acceso a agua potable de los pastores nómadas del distrito de Ijaara. También ofrecimos servicios de salud reproductiva al comprobar un aumento de las mujeres que buscaban asistencia durante el parto. En junio pusimos en marcha un proyecto nutricional de emergencia en los distritos de Lapur y Kibish de Turkana, en el noroeste de Kenia.
Innovación en la lucha contra las enfermedades olvidadas
En 2011, con la ayuda de MSF, el Gobierno de Kenia puso en marcha el primer plan estratégico nacional para el control de las enfermedades tropicales olvidadas, incluido el kala azar (leishmaniasis visceral). Si no se trata, esta infección transmitida por la picadura de una mosca de arena es casi siempre mortal.
MSF trata a pacientes de kala azar en Kacheliba, en el oeste del país, desde 2006. En 2011 concluimos un estudio de validación de pruebas de diagnóstico rápido (PRD) para esta enfermedad. Sus resultados influyeron en la decisión del Gobierno de aprobar estas pruebas como herramienta de diagnóstico de primera línea. Las PRD son perfectas para contextos con pocos recursos, pues permiten hacer la prueba a un mayor número de personas y, por tanto, mejoran el acceso al tratamiento.
También introdujimos una nueva terapia combinada que trata el kala azar en solo 17 días, no 30 como las anteriores, y formamos al personal médico de los distritos donde la enfermedad es endémica.
Atención a pacientes de VIH y tuberculosis
A pesar de que Kenia tiene cerca de 1,3 millones de seropositivos, se calcula que solo 550.000 reciben el tratamiento antirretroviral (ARV). MSF administra el tratamiento del VIH y la tuberculosis (TB) en el país desde hace más de diez años. Actualmente tratamos a más de 17.000 personas con VIH/sida y TB en las zonas urbanas y rurales de las provincias de Nyanza y Nairobi.
En septiembre detectamos problemas de calidad en una partida de Zidolam-N, un fármaco ARV. Pudimos comprobar que esta partida, adquirida a través de un distribuidor acreditado por la agencia de medicamentos keniana, era una falsificación de los medicamentos autorizados por la Organización Mundial de la Salud. Procedimos inmediatamente a localizar e informar a los pacientes, les hicimos un seguimiento y sustituimos los medicamentos falsos.
En 2011 concluimos el paso del tratamiento de primera línea basado en d4T al régimen TDF/AZT, que tiene menos efectos secundarios. Ahora, todos los pacientes nuevos empiezan el tratamiento ARV con TDF/AZT.
En Nairobi introdujimos aparatos de diagnóstico de la TB más rápidos y sensibles y ampliamos nuestro proyecto en el barrio de Mathare al de Eastleigh, de mayoría somalí, donde los servicios de tratamiento de TB eran muy limitados. Los centros de salud de MSF en Nairobi también trataron también a unos 900 pacientes de enfermedades crónicas distintas al VIH. En 2012 tenemos previsto inaugurar el nuevo centro de salud que estamos construyendo a las afueras del barrio de chabolas de Kibera. Al principio lo gestionaremos junto con el Ministerio de Sanidad, a quien se lo traspasaremos gradualmente.
Respuesta a la violencia sexual
En los barrios de chabolas de Kibera y Mathare seguimos volcados en el tratamiento de las víctimas de agresiones sexuales, muchas de ellas menores de edad (el 65% en Mathare). En 2011 atendimos a más de mil nuevas pacientes. Además de asesoramiento y apoyo social, les ofrecimos la profilaxis posexposición, que reduce el riesgo de infección por el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.





