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Somalia

Personal sobre el terreno 
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MSF trabaja en Somalia desde 1991
Una sequía devastadora, la larga guerra, el colapso del sistema sanitario y las restricciones a las organizaciones de ayuda empeoraron la crisis humanitaria.
Miles de niños con desnutrición severa recibieron tratamiento en las clínicas en Mogadiscio.

Cientos de miles de somalíes huyeron a la capital, Mogadiscio, Kenia o Etiopía en busca de ayuda. Debilitados y desnutridos, muchos vivían en condiciones de insalubridad y hacinamiento, con apenas agua potable.

Crisis nutricional

Con la llegada en masa de las víctimas del conflicto y la sequía a Mogadiscio, MSF amplió sus actividades y abrió doce nuevos centros de salud. Proporcionamos atención primaria y materna, cirugía, apoyo nutricional, tratamiento del cólera y el sarampión y vacunaciones. También distribuimos artículos de ayuda entre desplazados y residentes. Durante el pico de nuestra actividad teníamos 22 proyectos en todo el país.

Por primera vez desde 2009, y debido a la magnitud de las necesidades médicas, enviamos personal internacional a puestos permanentes en el centro y sur del país. Por desgracia, el 29 de diciembre de 2011, dos compañeros veteranos, Philippe Havet y Andrias Karen Keiluhu, fueron asesinados en nuestro complejo en Mogadiscio. Esto nos obligó a cerrar dos proyectos que habían servido a 200.000 desplazados y residentes, con lo que se redujo a la mitad la atención médica que dispensábamos en Mogadiscio.

En la ciudad de Galkayo Norte (región de Mudug), abrimos un departamento de hospitalización pediátrica y una sala de maternidad. También gestionamos proyectos de tuberculosis en Galkayo y en Mahadaay y Gololey, en Jowhar (región de Middle Shabelle). En total, tratamos a más de 864.000 pacientes en Somalia, casi el doble que en 2010.

Sarampión y cólera

Los niños desnutridos son más vulnerables al sarampión, lo que a su vez agrava la desnutrición. Entre mayo y diciembre vacunamos a 102.000 niños contra la enfermedad, pero las autoridades locales no nos concedieron el permiso para realizar campañas de vacunación en algunas partes del país.

Las condiciones de vida insalubres son un caldo de cultivo para las enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera. Cuando empezó la temporada de lluvias en noviembre, luchamos por contener una epidemia de cólera. Habilitamos centros de tratamiento en cinco distritos. En el Hodan, de 120 camas, ingresamos a más de cien pacientes a la semana.

Acceso bloquedo

Debido a las restricciones o la prohibición del acceso de las organizaciones humanitarias a una gran parte del país, cientos de miles de somalíes necesitados de asistencia urgente quedaron desatendidos, a pesar de la ayuda que llegaba al país.

Los combates, las restricciones a los vuelos de suministro y al personal internacional, así como las trabas administrativas, obstaculizaron la entrega de la ayuda. En las zonas controladas por Al Shabab, el acceso del personal y los suministros médicos fue prácticamente imposible. Nos resultó sumamente difícil trabajar más allá de los centros de salud oficiales. Tuvimos dificultades incluso en nuestros proyectos. Nuestros intentos de poner en marcha nuevas operaciones de emergencia en el centro y sur de Somalia fracasaron. Una de las pocas excepciones fue la ciudad portuaria de Kismaayo, donde pudimos entrar en diciembre tras arduas negociaciones. Unas semanas después de nuestra llegada habíamos tratado a 200 niños desnutridos.

Grandes riesgos de seguridad

La inseguridad no hizo sino agravar la situación. En marzo, en menos de una semana, sufrimos dos ataques con granadas en nuestro complejo en el distrito de Wadajir, al oeste de Mogadiscio. Ello nos obligó a suspender temporalmente nuestras actividades, lo que puso en peligro la vida de 414 niños inscritos en el proyecto nutricional.

En Galkayo Norte y Sur tratamos a los heridos en dos episodios violentos, y en Daynile, nueve kilómetros al noroeste de Mogadiscio, de los más de 3.500 pacientes ingresados en urgencias, el 44% sufría heridas de guerra.

Miles de somalíes quedaron atrapados entre diversos frentes de batalla. En el corredor de Afgooye, donde se ha refugiado cerca de medio millón de personas, reforzamos al hospital del distrito para cubrir las necesidades de 180 pueblos de los alrededores. El personal atendió más de 27.000 consultas y trató a más de 3.300 niños desnutridos en Afgooye.

En octubre, dos trabajadoras de MSF fueron secuestradas en un campo de refugiados en Kenia, adonde habían huido miles de somalíes. La inseguridad aumentó en Somalia tras la intervención del ejército keniano ese mes. Decenas de civiles heridos fueron trasladados al hospital de MSF en Marere tras el bombardeo aéreo del campo de desplazados de Jilib. Hubo cinco muertos y 45 heridos, entre ellos 31 niños.

Soluciones tecnológicas

MSF recurre cada vez más a la telemedicina para prestar atención especializada a los somalíes que viven en zonas demasiado peligrosas para que los médicos vuelen hasta allí. Los especialistas ubicados en Kenia apoyan al apoyan al personal médico en Somalia durante sus consultas por vídeoconferencia. Más de 500 nuevos pacientes recibieron asistencia médica mediante esta innovación tecnológica en 2011.

Atención en Somaliland

En la autoproclamada República de Somaliland, MSF amplió sus operaciones y reforzó el hospital general de Burao (Burco), el único centro de salud en la región de Togdheer. Desde el inicio de nuestra intervención se han triplicado los ingresos y se ha reducido la tasa de mortalidad en el departamento de maternidad. También seguimos reforzando el hospital del distrito de Ceerigabo, mientras que en la capital de Somaliland, Hargeisa, cerramos nuestros servicios de atención primaria en los campos en junio, después de que el Ministerio de Sanidad y otra agencia cubrieran las necesidades médicas de la zona. En total, atendimos más de cuatro mil consultas externas con menores de cinco años, asistimos más de 2.700 partos y realizamos 671 intervenciones quirúrgicas.

Alí Ahmed *
7 años, y su madre, Hospital de Burao.

“Mi hijo estaba muy enfermo y tenía todo el cuerpo hinchado.

“Antes era un niño muy sano. Todo empezó con una fiebre. Él se quejaba de que le dolían las manos. Vivimos en Talahabed, muy lejos de aquí. Se tarda un día en llegar al hospital.

“Llevamos aquí mucho tiempo. Nuestra casa queda demasiado lejos. En donde vivimos ni siquiera hay teléfono. Algunos vecinos me dijeron que en el hospital podrían ayudarme. Cogí el transporte público para venir al hospital. Tuve que pagarlo. Nada más llegar, los médicos me ayudaron. Se llevaron a Alí directamente al quirófano. Le pusieron en tratamiento. Tras la operación fue mejorando día a día, muy, muy lentamente. Lo tuvimos que traer en brazos al hospital. Ahora puede caminar. Es maravilloso."

*Nombre ficticio.