Kirguizistán
Violencia política e intercomunal
Cuando comenzaron los disturbios en Bishkek, la capital de Kirguizistán, MSF proporcionó medicamentos y suministros médicos a cuatro centros de salud. En el sur, MSF hizo donaciones a hospitales y clínicas en las provincias de Osh y Jalalabad a los pocos días de estallar la violencia. Casi 400.000 uzbekos fueron desplazados y unas 2.000 casas, destruidas. Muchos heridos o enfermos no se atrevían a salir de sus comunidades, por lo que entre junio y agosto MSF organizó clínicas móviles para llegar a quienes necesitaban atención urgente. Los psicólogos de MSF realizaron más de 660 consultas de salud mental y 3.700 pacientes participaron en más de 550 sesiones de terapia grupal.
Meses más tarde, la tensión y la desconfianza entre comunidades seguían obstaculizando el acceso a la atención sanitaria. MSF identificó a 50.000 personas vulnerables de todos los grupos étnicos en 10 distritos de la ciudad de Osh: algunas porque habían perdido sus hogares, negocios o medios de vida a causa de los enfrentamientos; otras –madres solteras, ancianos con pensiones muy bajas o familias numerosas sin ingresos– ya estaban en situación precaria antes de los sucesos de junio. MSF trabaja en siete centros de salud pública, donde contribuyó a prestar asistencia de manera neutral y no discriminatoria.
Tuberculosis en las cárceles
MSF trata a presos con TB en Kirguizistán desde 2005. La incidencia de la enfermedad en las cárceles ha bajado en los últimos años, pasando de 700 a 350 casos anuales entre 2006 y 2010, principalmente a causa de la disminución de la población reclusa. Alrededor de dos tercios de los presos con TB infecciosa sufren distintas formas de TB resistente a los medicamentos (DR-TB por sus siglas en inglés). El tratamiento de la DR-TB es a menudo muy largo y difícil. MSF trató a 230 nuevos pacientes en 2010.
Los presos con TB son trasladados a centros de tratamiento situados en tres penales de Bishkek y alrededores, donde MSF trabaja en colaboración con el Ministerio de Salud, las autoridades penitenciarias y organizaciones internacionales como el Comité Internacional de la Cruz Roja.
Uno de los retos más importantes es asegurar la continuidad del tratamiento de los pacientes después de su excarcelación, ya que un tercio de los reclusos con TB son puestos en libertad antes de completarlo. MSF presta asistencia médica y social a expresidiarios con TB y trabaja para encontrar formas de motivarlos para que completen su tratamiento. En 2010, 78 presos con TB fueron puestos en libertad. Al finalizar el año, 57 de ellos seguían tomando su medicación con regularidad. MSF aboga por una política nacional de control de la TB en el sistema penal.

