Uzbekistán
Aunque la tuberculosis resistente a los medicamentos (DR-TB) se transmite por el aire, también puede desarrollarse cuando un paciente de TB, ya sea por una mala administración o un uso incorrecto de la medicación, se vuelve resistente a los medicamentos habituales. El tratamiento es muy duro, pues tiene efectos secundarios, desde náuseas hasta dolores de cabeza y trastornos del sueño, y puede prolongarse hasta dos años. Por ello, a los pacientes les es muy difícil completarlo.
Atención integral a los pacientes de TB
En la República Autónoma de Karakalpakistán, en el noroeste del país, MSF amplió su proyecto de dos a cinco de los 16 distritos: Chimbay, Khodjeyli, ciudad de Takhiatash, ciudad de Nukus y región de Nukus, triplicando el número de pacientes. Al finalizar el año, unos 780 recibían el tratamiento de la DR-TB y casi 200, el de la TB.
Nuestro proyecto comprende cuatro enfoques pensados para mejorar la adherencia de los pacientes al tratamiento. Así, los tratamos como pacientes externos desde el primer día en lugar de ingresarlos en un hospital, lo que les ayuda a soportar mejor el tratamiento. Les educamos sobre la DR-TB, la medicación y los efectos secundarios para que entiendan y gestionen mejor su enfermedad. También les ofrecemos ayuda psicológica en sesiones individuales, grupales y familiares para que puedan hacer frente a los efectos físicos y sociales de la enfermedad y del tratamiento. Por último les brindamos apoyo social práctico, como ayuda con el transporte y la comida. Ahora que Uzbekistán ha afianzado su compromiso con la lucha contra la TB, tenemos previsto ampliar nuestro proyecto a otros tres distritos en 2012.
Rakhatay
Paciente de TB multirresistente
“Recibí tratamiento para la TB en nuestro hospital local durante un año, pero no sirvió de nada. Después me quedé postrado en cama. Pero Dios debe de haberse apiadado de mí, porque usted [médico de MSF] vino a mi casa y me dijo que existía tratamiento para mi enfermedad. Entonces no podía ni hablar, tan solo escuchar.
“Si he empezado el tratamiento de nuevo ha sido gracias a mi hija Kunduz. Fue ella la que me convenció. Me dijo que lo hiciera. Ahora estoy tomando los medicamentos. Antes, no podía ni comer, solo beber té negro con una cuchara. Ni siquiera podía levantar la cabeza. Gracias a Dios, ahora puedo ponerme de pie e incluso dar una vuelta.
“Nunca me olvido de tomar los medicamentos. Me los traen las enfermeras Amangul, Umyt y Muhabbat. ¡Son tan amables! Me miman como a un niño y tienen sus trucos para que me trague los medicamentos sin darme cuenta. Les estoy tan agradecido. Ahora me encuentro muy bien de salud.”

