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12.12.2016

Este de Alepo: dentro de un hospital destruido por los bombardeos aéreos

Las siguientes fotos muestran las secuelas del ataque a uno de los principales hospitales quirúrgicos del este de Alepo durante los bombardeos aéreos ocurridos el pasado 17 de noviembre.

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El daño fue tan severo que el hospital quedó inmediatamente fuera de servicio. Contaba con una sala de urgencias, una unidad de cuidados intensivos y varios quirófanos donde se realizaban cirugías generales y ortopédicas.

Ahora, y a pesar de que 250.000 personas lo necesitan desesperadamente, el acceso a la atención médica en el este de Alepo es prácticamente inexistente.

Desde hace cinco meses, la población está atrapada y asediada. Además, desde que se reanudaron los ataques aéreos el pasado 15 de noviembre, los bombardeos y combates terrestres han dejado hospitales e infraestructuras civiles completamente destruidas y fuera de servicio.

Condenamos enérgicamente tanto todos los ataques contra la población civil como las violaciones al Derecho Internacional Humanitario perpetrados por todas las partes en el conflicto en Siria.

 

“El bombardeo duró dos horas”

El doctor Abu Wassim* estaba trabajando en el hospital cuando, el pasado 17 de noviembre, el recinto recibió el impacto de varios ataques aéreos.

“Comenzamos a escuchar cómo caían las bombas sobre los edificios de al final de la calle, a unos 500 metros del hospital. Oímos unas 40 explosiones y el sonido se acercaba cada vez más al hospital. Fue en ese momento cuando el personal -los técnicos, enfermeras y médicos- evacuaron a todos los pacientes y los llevaron al sótano.

Trasladamos a unos 15 pacientes en total, incluido un niño de la unidad de cuidados intensivos que había sido operado tras sufrir una herida en el corazón. Comenzó a recuperar la conciencia cuando las bombas caían en la calle de en frente de la sala de cuidados intensivos. Tuvimos que desconectarlo del ventilador para llevarlo hacia el sótano.

El bombardeo duró dos horas. Durante ese tiempo, las bombas no se detuvieron. El sótano estaba repleto; había pacientes tendidos en el suelo.

Un integrante de nuestro personal murió a causa de las bombas. Un fragmento de metralla hirió a uno de los asistentes del hospital, el fragmento atravesó su pecho y afectó una arteria importante. Perdió mucha sangre y tuvimos que operarlo aun sin electricidad. No pudimos salvarlo.

Antes del bombardeo, yo me encontraba en el quirófano realizando una amputación. Después, tuve que terminar la cirugía con una lámpara LED porque no había electricidad. Nuestro concentrador de oxígeno portátil quedó completamente quemado.

No pudimos sacar a ningún paciente durante el bombardeo porque ninguna ambulancia podía venir al hospital hasta que terminara el ataque. En cuanto disminuyó, organizamos todo para que las ambulancias llegaran a la entrada del hospital y pudieran evacuar a los pacientes y llevarlos a las instalaciones médicas cercanas. La entrada principal del hospital estaba totalmente bloqueada por los escombros, los coches estacionados estaban incendiados y una de las ambulancias, totalmente destruida.

Muchos integrantes de nuestro personal vivían en los pisos superiores del hospital. Ahora están dañados y son inhabitables: ya no tienen puertas ni ventanas. Nuestro personal está intentando buscar otro lugar donde dormir”.

*Entrevista realizada el 24 de noviembre de 2016