Back to top

Enfermedad del sueño

-A A +A

Esta infección parasitaria, mortal en la mayoría de los casos si no se trata, está presente en 36 países africanos, en especial en las áreas rurales donde prospera la mosca que la transmite. La enfermedad llegó a controlarse en los años 60 del siglo XX, pero la propagación de conflictos armados por el continente y el debilitamiento de los sistemas de salud contribuyeron a su resurgimiento.

Hoy, a diferencia de otras enfermedades olvidadas en las que apenas hay progresos, los casos de enfermedad del sueño se están reduciendo año tras año gracias a los programas de control: es así como, en 2009, la cifra de nuevos casos reportados se redujo a menos de 10.000 por primera vez en medio siglo. Para 2013 eran ya 6.000, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque se estima que la cifra real podría ser tres veces mayor ya que la mayoría de los enfermos no son localizados. En total, 60 millones de personas viven en zona de riesgo y siguen siendo muchos los desafíos en la atención a los afectados, debido a lo complicado del diagnóstico y tratamiento y a la debilidad de los sistemas de salud.

¿Cómo se transmite y qué síntomas tiene?

La tripanosomiasis humana africana (THA) es transmitida por la picadura de la mosca tsé-tsé infectada con el parásito tripanosoma. Más del 95% de los casos los causa el parásito Trypanosoma brucei gambiense, presente en África central y occidental, mientras que el resto se deben al T. b. rhodesiense, que se encuentra en África oriental y del sur.

El parásito ataca el sistema nervioso central, y produce graves trastornos neurológicos y la muerte en casi todos los casos si el enfermo no recibe tratamiento. Durante la fase I de la enfermedad, el parásito está solo en la sangre y es fácil de tratar (aunque difícil de diagnosticar, ya que los síntomas, como la fiebre y la debilidad, son no específicos). La fase II empieza cuando el parásito pasa de la sangre al sistema nervioso central y aparecen los síntomas neurológicos o psiquiátricos, como mala coordinación, confusión y trastornos del sueño.

¿Cómo se diagnostica?

Es difícil de diagnosticar ya que requiere tres pasos. El primero es la identificación de personas potencialmente infectadas mediante el test reactivo rápido de anticuerpos o mediante la palpación ganglionar, que detectan si hay algún tipo de infección. Para quienes den positivo, el segundo paso consiste en nuevas pruebas para determinar la presencia del parásito tripanosoma y descartar que la infección tenga otras causas; para ello, se realiza una punción ganglionar y se analiza al microscopio. Quienes tengan el parásito en sangre, se someten entonces a la tercera fase del diagnóstico: una punción lumbar en la médula para buscarlo en el líquido cefalorraquídeo y determinar así el estadio de la enfermedad y el mejor tratamiento. Estos métodos de diagnóstico necesitan personal cualificado e instrumental específico, y no están adaptados a los entornos sin recursos donde se da la enfermedad.

¿Cómo se trata?

En la fase I de la enfermedad se utiliza pentamidina, un medicamento que se administra por vía intramuscular durante siete días y en régimen ambulatorio. El tratamiento es poco tóxico y bastante eficaz. Para la fase II, el mejor tratamiento es una terapia combinada de nifurtimox oral y eflornitina intravenosa (NECT), desarrollada por la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi), MSF y Epicentre. Es el tratamiento recomendado por la OMS, que lo ha incluido en su lista de medicamentos esenciales.

Antes de la NECT, los enfermos de THA eran tratados con melarsoprol, un medicamento derivado del arsénico desarrollado en 1949, que tiene muchos efectos secundarios e incluso puede causar la muerte; los pacientes solían describir sus efectos como de “fuego en la sangre”.

Se espera que las nuevas moléculas que están en fase de ensayo clínico puedan conducir al desarrollo de un tratamiento oral seguro y efectivo para ambos estadios de la enfermedad; supondría un gran avance ya que no solo podría administrarse incluso en las zonas más remotas, sino que permitiría evitar la punción lumbar que se necesita ahora para determinar el tratamiento más adecuado.

MSF y la enfermedad del sueño

Hemos sido pioneros en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, principalmente en zonas de guerra o alta inestabilidad. Lanzamos nuestros primeros programas en 1986 y desde entonces hemos examinado o realizado las pruebas a casi tres millones de personas y tratado a más de 56.000 en países como República Democrática del Congo, República del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Uganda, Chad y Angola.

El primer paso es encontrar a los enfermos: en las zonas donde la enfermedad está presente, en colaboración con los Ministerios de Salud, organizamos campañas de despistaje: son pruebas o exámenes clínicos que se hacen sistemáticamente a un grupo determinado de población, incluso a las personas que no presentan síntomas. Cuando el diagnóstico se confirma, los enfermos en la fase II son ingresados para su tratamiento en nuestro hospital, ya que la NECT necesita perfusión intravenosa a cargo de personal especializado.

En la actualidad, además de diagnosticar y tratar a estos pacientes en nuestros proyectos, nos concentramos en la formación del personal de los Ministerios de Salud y en labores de incidencia política para mejorar los programas nacionales de lucha contra la THA. Además, desde nuestros centros logísticos en Europa, nos encargamos del suministro y distribución de todos los medicamentos contra la enfermedad del sueño que se utilizan hoy en todo el mundo; este programa se realiza en colaboración con la OMS, y con las farmacéuticas Sanofi y Bayer, que los fabrican y proporcionan gratuitamente.

En 2014, MSF hospitalizó para su tratamiento a 300 pacientes con enfermedad del sueño.

 

Nos encontramos en un momento crucial: la reducción de nuevos casos ha sido tanta que si todos ellos fueran tratados y se controlara el vector de transmisión (la mosca tsé-tsé), podríamos estar a un paso de eliminar la enfermedad. Pero para ello urge el desarrollo de pruebas de diagnóstico adaptadas a países sin recursos y escaso personal médico, y de más opciones de tratamiento.