Tras años de detención, las personas que residían en Al Hol afrontan un futuro incierto

El cierre repentino del campamento de Al Hol, en Siria, deja a miles de personas sin atención sanitaria ni protección

MSF
03/03/2026
Closure of Al Hol camp, northeast Syria

Médicos Sin Fronteras (MSF) expresamos nuestra preocupación por la forma abrupta y descoordinada en que el Gobierno sirio cerró el campamento de detención de Al Hol. El cierre repentino del campamento el 22 de febrero, y el caos que lo precedió, expusieron a miles de personas -incluidos niños, niñas y personas con enfermedades crónicas- a mayores riesgos de protección y a un acceso reducido a la atención sanitaria.

En su punto álgido en 2019, más de 76.000 personas estaban detenidas en Al Hol, la mayoría mujeres y menores. El campamento estaba dividido: las personas sirias e iraquíes permanecían en una zona, mientras que las nacionales de otros países estaban detenidas en una sección segregada. En enero de 2026, la población había descendido a unas 23.000 personas tras múltiples repatriaciones, especialmente a Irak. Cuando el control del campamento pasó de las Fuerzas Democráticas Sirias al Gobierno de Siria, la población disminuyó drásticamente en un periodo de transición e inseguridad, con informes de personas que escaparon o fueron sacadas de contrabando. En la semana previa al cierre, las personas que permanecían en el campamento fueron trasladadas al campamento de Aq Burhan, en Akhtarin, al norte de Alepo, mientras que algunas familias regresaron directamente a sus lugares de origen.

“Hablamos con familias y personas que, en algunos casos, habían esperado más de catorce horas para salir, mientras otras aún intentaban organizar la recogida de sus pertenencias”, declaró Barbara Hessel, responsable de nuestros programas en el noreste de Siria. “La falta de claridad en torno al proceso generó ansiedad, aunque al mismo tiempo todas las personas con las que hablé miraban hacia un futuro más esperanzador”.

Se han reportado carencias en atención sanitaria, protección y asistencia en el campamento de Aq Burhan. MSF estamos especialmente preocupada porque mujeres, niños y niñas enfrenten mayores riesgos de violencia, explotación y nuevos desplazamientos tras este proceso de reubicación improvisado.

  • Tiendas de campaña abandonadas en el campamento de Al Hol un día antes de su cierre definitivo.

A medida que las personas abandonaban Al Hol, las emociones eran diversas. “Algunas estaban aliviadas, otras confundidas y otras enfadadas porque iban a otro campamento en lugar de volver a casa; pero casi todas arrastraban años de agotamiento”, continuó Hessel. Un residente nos dijo que esperaba que el nuevo campamento tuviera al menos árboles y algo de espacio verde, ya que Al Hol se sentía como “un lugar muerto”.

“Después de siete años en Al Hol, muchas personas no preguntaban a dónde irían después; simplemente estaban agradecidas de marcharse”, añadió Hessel.

Durante el periodo de transición, el acceso a la atención sanitaria en el campamento se vio gravemente comprometido. Muchas organizaciones humanitarias se vieron obligadas a suspender sus actividades debido a la inseguridad y al cambio de control en la zona.

A pesar de estos desafíos, MSF seguimos siendo una de las pocas organizaciones que proporcionamos atención médica y acceso a agua potable en el campamento hasta el último día del cierre. Nuestros equipos continuaron operando una planta de tratamiento de agua que abastecía de agua potable tanto al campamento principal como al anexo. Los servicios de atención primaria se mantuvieron el mayor tiempo posible, y se priorizó la continuidad asistencial para las personas con enfermedades no transmisibles. Los pacientes ya inscritos en nuestros programas de tratamiento recibieron suministros ampliados de medicación, mientras que a los nuevos pacientes también se les proporcionaron suministros iniciales para evitar interrupciones en el tratamiento.

“Cuando entregamos a pacientes con enfermedades crónicas un suministro de medicación para tres meses, se notó un alivio inmediato, especialmente entre quienes no estaban previamente inscritos en nuestros programas”, señaló un miembro de nuestro personal.

  • Personal de MSF evaluando la clínica de Al Hol tras los daños sufridos.

No obstante, muchos pacientes no pudieron ser localizados. Antes de que el Gobierno sirio asumiera el control, MSF estimábamos que 347 personas estaban inscritas únicamente en nuestra cohorte de enfermedades no transmisibles, muchas de las cuales se perdieron durante el seguimiento en medio de la caótica transición.

Durante nuestros años de presencia en Al Hol, fuimos testigos directo y documentamos la negligencia y la violencia impuestas a las personas residentes en el campamento. Las personas, incluidos niños y niñas, fueron tratadas sistemáticamente como una amenaza para la seguridad en lugar de como individuos con derechos y necesidades. Para algunas, su estancia en el campamento estuvo marcada por una historia de coerción, explotación y abusos, reflejando una realidad mucho más compleja de lo que a menudo se reconoce.

“Durante siete años, la comunidad internacional ha participado y mantenido un sistema de confinamiento indefinido en el desierto del noreste de Siria, justificado en nombre de la seguridad”, afirmó Stephen MacKay, responsable de operaciones de nuestros programas en Siria. “El cierre repentino del campamento, sin un plan claro basado en derechos para el futuro de sus residentes, subraya el carácter arbitrario tanto de su prolongada detención como de su liberación. También pone de relieve el fracaso sostenido durante los últimos siete años para satisfacer sus necesidades humanitarias básicas o resolver su limbo legal”.

Instamos a las autoridades sirias y a los actores internacionales a garantizar un acceso ininterrumpido a la atención sanitaria esencial para todas las personas trasladadas desde el campamento de Al Hol, incluida la continuidad del tratamiento de enfermedades no transmisibles. También pedimos a las autoridades que cumplan su compromiso de proporcionar documentación legal a las personas nacionales sirias, permitiéndoles reconstruir sus vidas.

Estamos preocupados por la situación de las personas extranjeras que residían previamente en Al Hol y muchas de las cuales habían sido atendidas por nuestros equipos médicos. Instamos a todos los gobiernos implicados a reforzar las medidas de protección, especialmente para mujeres, niños y niñas, para protegerlos de la violencia, la explotación y los abusos, y facilitar su repatriación voluntaria.