Desplazadas y olvidadas: familias en el noroeste de Siria afrontan duras condiciones invernales

Aunque la guerra en Siria haya dejado de ocupar titulares, millones de personas siguen atrapadas en sus consecuencias. En el noroeste del país, miles de familias desplazadas afrontan inviernos extremos en campamentos precarios, con una ayuda humanitaria cada vez más insuficiente.

MSF
12/02/2026
Actividades MSF para mitigar las consecuencias del invierno en Siria

En Siria, pese al fin de la guerra, la población sigue viviendo con el pesado legado de 14 años de conflicto brutal. Años de bombardeos y hostilidades prolongadas, también en zonas rurales alrededor de Homs, Hama, Alepo e Idlib, han destruido viviendas e infraestructuras esenciales, dejando a innumerables familias sin más opción que huir. Muchas buscaron refugio en las montañas, donde los duros inviernos se sumaron a su lucha diaria. Lo que comenzó como campamentos de desplazamiento de emergencia se convirtió en asentamientos frágiles y de larga duración.

Aunque millones de personas han podido regresar a sus hogares, muchas familias desplazadas continúan viviendo en campamentos, ya que no cuentan con la capacidad económica para reconstruir sus vidas. Sus casas han quedado completamente destruidas; los servicios básicos están ausentes y las oportunidades de subsistencia son escasas, lo que deja a la población dependiendo de una ayuda humanitaria que ha disminuido de forma constante en los últimos años.

A pesar de que las necesidades en Siria siguen siendo enormes, el país ha experimentado una reducción de la financiación humanitaria. MSF instamos a las organizaciones humanitarias a reforzar su respuesta, también para las personas que siguen desplazadas y luchan por sobrevivir.

Los meses de invierno son especialmente peligrosos y, sin una ayuda sostenida, la población seguirá enfrentándose a condiciones que ponen en riesgo su vida.

Um Ayman, de 75 años, lamenta la destrucción de su olivar.

“Regresé a casa después de los bombardeos y encontré mi vivienda reducida a escombros. No lloré tanto por mi casa como por mis olivos. Cultivaba aceitunas y naranjas en mi tierra, y todo desapareció”.

  • Actividades de invierno en campos de personas desplazadas de Siria

En las montañas de Harim y en los alrededores de la localidad de Salqin, en la provincia de Idlib, más de 50 campamentos de desplazamiento siguen albergando a miles de familias, muchas de ellas viviendo en refugios improvisados hechos con materiales recuperados o ladrillos. Durante las tormentas invernales, el agua se filtra en las tiendas, la nieve se acumula entre los refugios y las familias luchan por mantenerse calientes. Cuando bajan las temperaturas, la calefacción deja de ser un lujo y se convierte en una necesidad. Los techos suelen ser inestables y ofrecen poca protección frente a la nieve, la lluvia y el frío extremo.

Um Ali, madre de tres hijos, vive en el campamento de Al Fardan:

“Cuando empezó a nevar, el techo de plástico se vino abajo. No pudimos retirar la nieve porque vivimos en una zona montañosa”.

Al principio, las organizaciones humanitarias acudieron con rapidez para proporcionar apoyo de emergencia, pero con el tiempo la ayuda se ha reducido. Hoy, muchas familias desplazadas se ven obligadas a arreglárselas casi por sí solas, con asistencia limitada. Los refugios improvisados se deterioran con cada temporada, y las familias deben reunir cualquier material que encuentren para mantener sus hogares en pie.

Abu Musa, residente de uno de los campamentos, recuerda:

“Ha pasado un año y algunos meses desde la última vez que recibimos ayuda de organizaciones humanitarias; tras la liberación, nadie proporcionó ningún tipo de apoyo a las personas que viven en los campamentos aquí”.

Las necesidades humanitarias son inmensas y siguen creciendo. Las familias carecen de acceso a alimentos adecuados, atención médica, ropa de invierno, mantas y medicamentos. Algunos campamentos cuentan con pequeñas clínicas, pero los suministros son limitados y los servicios son de pago, lo que deja la atención esencial fuera del alcance de muchas personas.

  • Actividades para hacer frente al invierno en Siria

En la gobernación de Idlib, Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos estado apoyando a familias desplazadas. Entre diciembre y febrero, nuestros equipos han distribuido materiales para calefacción (alrededor de 600 toneladas de briquetas) y lonas plásticas a 2.000 familias en 21 campamentos. Además, se repartieron 1.400 colchones, 4.200 mantas y kits de higiene y cocina a 700 familias en campamentos cercanos a Salqin y en las montañas de Harim, y 150 familias recibieron tiendas de campaña en Armanaz, en la zona rural de Idlib. Estas distribuciones buscan ayudar a las familias a resistir los duros meses de invierno y reducir los riesgos inmediatos relacionados con la exposición al frío. Sin embargo, la brecha entre las necesidades y la asistencia sigue siendo enorme.

Osama Joukhadar, nuestro responsable de logística explica: “La gente aquí vive en refugios extremadamente frágiles. Están expuestas al frío, al viento y a la nieve. Cada invierno, las familias luchan simplemente por sobrevivir. Estamos intentando proporcionar apoyo básico, una ayuda pequeña pero esencial para que puedan atravesar los meses más fríos”.

En las gobernaciones de Daraa y Damasco Rural, en el sur de Siria, distribuimos alrededor de 3.000 calefactores, además de colchones y mantas, entre noviembre y febrero, para apoyar a familias desplazadas que siguen expuestas a condiciones meteorológicas extremas, viviendas inseguras y una incertidumbre prolongada. En Qamishli y Derik/Al Malikiyah, en el noreste de Siria, respondimos a las necesidades de personas recientemente desplazadas, obligadas a abandonar sus hogares en Tabqa, Raqqa y Al-Hasakeh bajo lluvias persistentes y temperaturas gélidas.

La historia de las personas desplazadas en Siria es un recordatorio de que la guerra puede haber desaparecido de los titulares, pero sus consecuencias humanas siguen siendo urgentes y no resueltas.