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  • República Democrática del Congo (RDC) se enfrenta actualmente al mayor y más mortífero brote de enfermedad por el virus del Ébola de su historia. El brote se está desarrollando en el este de RDC, en un contexto de crisis humanitaria que dura desde hace décadas y que está marcado por los conflictos, la violencia, los desplazamientos de población, la inseguridad alimentaria y múltiples emergencias sanitarias simultáneas. Estas condiciones dificultan enormemente el control del brote, que continúa propagándose a un ritmo alarmante. Más de 8.000 personas han sido confirmadas como infectadas por el virus del Ébola, mientras que al menos 3.900 han fallecido a causa de la enfermedad.

    Detener la propagación de la enfermedad por el virus del Ébola requiere llevar a cabo, de forma coordinada y simultánea, múltiples acciones. La respuesta debe incluir la identificación de las personas sospechosas de padecer la enfermedad, su aislamiento seguro y traslado para recibir atención médica, el rastreo de los contactos que podrían haber estado expuestos al virus, la prevención de infecciones en los centros sanitarios y las comunidades, y el trabajo conjunto con las comunidades afectadas para generar confianza, compartir información sobre la enfermedad y animar a las personas a buscar atención médica lo antes posible.

    Centrarse únicamente en uno de estos ámbitos no es suficiente. Por difíciles que puedan resultar de implementar, todas estas acciones son esenciales y dependen unas de otras para poner fin al brote.

    • Sesión de sensibilización en Matalata, Bunia, RDC.

    Vigilancia epidemiológica

    La vigilancia epidemiológica consiste en recopilar, reunir y analizar información clave para comprender cómo evoluciona un brote y hacia dónde se está propagando la enfermedad. Permite a los equipos que responden al brote conocer la rapidez con la que se está extendiendo e identificar dónde es necesario intensificar las medidas para detenerlo.

    Al realizar un seguimiento de esta información a lo largo del tiempo, los equipos sanitarios pueden detectar señales de alerta que indiquen que el brote podría estar extendiéndose a nuevas zonas, responder con mayor rapidez y adaptar la respuesta a medida que cambia la situación. Esto incluye el seguimiento de los resultados de las pruebas, los casos sospechosos y confirmados, y las personas que podrían haber estado expuestas a la enfermedad por haber tenido contacto con alguien infectado.

    Muertes en la comunidad

    Uno de los indicadores clave que se supervisan mediante la vigilancia epidemiológica son las muertes en la comunidad. Se trata de fallecimientos que ocurren en el domicilio o fuera de los centros sanitarios de personas que presentaban síntomas compatibles con la enfermedad por el virus del Ébola. Son importantes porque pueden señalar la aparición de nuevos focos de infección.

    Las muertes en la comunidad también pueden revelar deficiencias en la respuesta. Es posible que las personas no reconozcan los síntomas de la enfermedad por el virus del Ébola, que no sepan qué hacer cuando aparecen, que no hayan buscado atención médica con suficiente antelación o que no puedan llegar a un centro sanitario.

    Durante el brote actual, se estima que más del 68% de las muertes relacionadas con el Ébola en RDC se producen en la comunidad. Esta proporción alcanzó el 75% durante la primera semana de septiembre.

    Las muertes en la comunidad también son importantes porque cualquier persona que haya tenido contacto con el fallecido después de la aparición de los síntomas, o con su cuerpo tras el fallecimiento, podría haber estado expuesta al virus y deberá recibir seguimiento.

    Rastreo de contactos

    Otro componente fundamental de la vigilancia epidemiológica es el rastreo de contactos. Consiste en identificar a todas las personas que tuvieron contacto estrecho con alguien que padecía la enfermedad por el virus del Ébola, tanto si esa persona sigue viva como si ha fallecido, después de que comenzaran sus síntomas.

    A continuación, los equipos de MSF y otros colaboradores de la respuesta pueden ponerse en contacto con estas personas, explicarles el riesgo de que se hayan infectado, indicarles qué síntomas deben vigilar y decirles qué hacer si enferman.

    Al identificar rápidamente a los contactos y hacer un seguimiento durante 21 días —el periodo en el que pueden aparecer los síntomas del ébola—, los equipos sanitarios pueden detectar nuevos casos con mayor rapidez, aislar y tratar antes a los pacientes y contribuir a reducir la propagación de la enfermedad.

    Este proceso se conoce como “romper la cadena de transmisión”.

    Contactos identificados previamente

    Los equipos sanitarios también analizan cuántos pacientes con un diagnóstico confirmado de Ébola habían sido identificados previamente como contactos antes de enfermar. Esto ayuda a evaluar hasta qué punto se está haciendo un seguimiento eficaz del brote y si existen deficiencias en la respuesta.

    Durante el brote actual de la enfermedad por el virus del Ébola, esta tarea sigue siendo difícil. Algunos pacientes pueden mostrarse reacios a compartir los nombres de las personas con las que han tenido contacto, mientras que algunos contactos pueden no estar registrados correctamente, no ser localizables o no recibir un seguimiento constante.

    Estos obstáculos dificultan el control del brote, ya que los equipos sanitarios no llegan a comprender plenamente cómo se está propagando la enfermedad.

    Pruebas y diagnóstico

    Para comprender cómo se propaga el brote y responder de forma rápida y eficaz, los casos sospechosos —incluidos los fallecimientos en los que se sospecha que la causa ha sido el Ébola— deben confirmarse lo antes posible.

    Para ello, es necesario recoger las muestras, transportarlas rápidamente y analizarlas sin demora en laboratorios debidamente equipados.

    Esto requiere disponer de suficientes laboratorios, personal cualificado, suministros y equipos de protección, así como de laboratorios suficientemente próximos a las zonas afectadas —incluidas las áreas remotas— para reducir los retrasos en el transporte de las muestras y la recepción de los resultados.

    Una capacidad de laboratorio sólida y descentralizada también mejora la atención a los pacientes. Permite ingresar y tratar más rápidamente a quienes dan positivo y dar el alta antes a quienes dan negativo. Esto también ayuda a liberar camas en los centros de tratamiento del Ébola cuando se necesitan con urgencia.

    Vigilancia basada en la comunidad

    Las propias comunidades afectadas también desempeñan un papel fundamental en la vigilancia epidemiológica. A menudo, sus integrantes son los primeros en detectar posibles casos o muertes inusuales y pueden proporcionar información esencial para ayudar a los equipos sanitarios a seguir la evolución del brote e identificar nuevas cadenas de transmisión de forma temprana.

    Por este motivo, las comunidades deben participar plenamente en las actividades de vigilancia mediante la vigilancia comunitaria.

    • CTE en el hospital de Mongbwalu.

    Prevención y control de infecciones (PCI)

    La prevención y el control de infecciones (PCI) hacen referencia a las medidas destinadas a impedir la propagación de la enfermedad por el virus del Ébola, especialmente dentro de los centros sanitarios.

    Dado que la enfermedad se transmite mediante el contacto con fluidos corporales infectados, evitar la exposición al virus es fundamental.

    En los centros de tratamiento y hospitales, las medidas de PCI comienzan en cuanto llega una persona: cualquier paciente sospechoso de padecer la enfermedad por el virus del Ébola es identificado rápidamente, separado de los demás y aislado mientras espera los resultados de las pruebas. A continuación, los pacientes con un diagnóstico confirmado reciben atención en zonas específicas para reducir el riesgo de transmisión.

    La PCI depende de protocolos estrictos destinados a proteger al personal sanitario y a los demás pacientes. El personal utiliza equipos de protección individual (EPI) completos y recibe formación especializada para colocárselos y retirárselos de forma segura.

    Estas medidas también incluyen la extracción segura de sangre, la eliminación cuidadosa de agujas y residuos contaminados, la limpieza y desinfección periódicas de camas y equipos, y la organización de circuitos claros para el desplazamiento de pacientes, personal, familiares y materiales dentro de las instalaciones.

    Prevención y control de infecciones en detalle

    La enfermedad por el virus del Ébola se propaga mediante el contacto con los fluidos corporales de una persona infectada, como la sangre, el vómito o la diarrea. Si estos fluidos entran en contacto con heridas en la piel o con los ojos, la nariz o la boca, el virus puede penetrar en el organismo.

    En los centros sanitarios, el personal identifica rápidamente a las personas que presentan síntomas compatibles con la enfermedad por el virus del Ébola y las separa del resto de pacientes mientras esperan los resultados de las pruebas.

    Lo ideal es que las personas con sospecha de ébola permanezcan en habitaciones individuales, preferiblemente con un baño propio, para reducir el riesgo de contagiar a otras personas. Los pacientes que dan positivo se trasladan después a una zona específica para casos confirmados.

    También se establecen circuitos de circulación claramente definidos para pacientes, familiares, personal sanitario y equipos, con el fin de reducir el riesgo de transmisión. Las familias pueden realizar visitas, pero únicamente desde una distancia segura y sin contacto físico.

    La protección del personal sanitario es esencial. Los trabajadores utilizan EPI completos que cubren la piel y protegen los ojos, la nariz y la boca frente a los fluidos infectados.

    Los EPI solo son eficaces si se utilizan correctamente. El personal recibe formación y practica cómo colocárselos y retirárselos de forma segura. Además, trabaja por parejas para comprobar mutuamente que no se cometen errores.

    Dado que los EPI resultan extremadamente calurosos e incómodos, el tiempo de permanencia en las zonas de alto riesgo se limita al máximo: aproximadamente una hora en RDC y, en ocasiones, tan solo 20 minutos en climas más cálidos. Esto ayuda a reducir los errores provocados por el calor, el cansancio o la pérdida de concentración.

    La PCI también incluye medidas de seguridad rutinarias, como la extracción segura de sangre, la eliminación de agujas en contenedores seguros, la limpieza y desinfección de camas y equipos, y la manipulación cuidadosa de los residuos contaminados.

    • Respuesta rápida para prevenir una crisis más amplia

    Agua, saneamiento e higiene (WASH)

    El agua, el saneamiento y la higiene (WASH, por sus siglas en inglés) desempeñan un papel importante dentro de las iniciativas generales de prevención y control de infecciones, ya que ayudan a impedir la propagación de la enfermedad por el virus del Ébola.

    En los centros de tratamiento del Ébola (CTE), los equipos de agua, saneamiento e higiene limpian periódicamente las habitaciones, las camas, los baños, los suelos y los espacios compartidos, ya que los fluidos corporales pueden transportar el virus. Para ello, siguen procedimientos de limpieza estrictos que utilizan agua, jabón y cloro.

    WASH también implica garantizar que haya suficiente agua para la limpieza, la lavandería, la desinfección, el lavado de manos y la eliminación segura de las aguas residuales.

    Además, ayuda a que los pacientes que han sobrevivido a la enfermedad por el virus del Ébola puedan regresar a casa de forma segura, asegurándose de que puedan lavarse, ponerse ropa limpia y desinfectar sus pertenencias antes de abandonar el centro de tratamiento.

    Los equipos de WASH también limpian las ambulancias y los domicilios de los pacientes infectados, y colaboran en la realización de entierros seguros, ya que el cuerpo de una persona fallecida por Ébola puede seguir transmitiendo la enfermedad.

    Agua, saneamiento e higiene en detalle

    WASH forma parte de las medidas generales de prevención y control de infecciones y también tiene como objetivo reducir el riesgo de contagio.

    Dentro de los centros de tratamiento del Ébola (CTE), los equipos de WASH mantienen limpias y seguras las superficies y las zonas compartidas. Decenas de trabajadores de higiene pueden estar trabajando al mismo tiempo, limpiando constantemente habitaciones, suelos, camas, baños, cubos y otros objetos.

    Este trabajo es fundamental porque los pacientes con Ébola suelen vomitar o presentar diarrea sanguinolenta, fluidos que contienen grandes cantidades del virus.

    El proceso de limpieza sigue una serie de pasos estrictos y utiliza agua y jabón, así como soluciones de cloro.

    Garantizar un suministro de agua fiable también es un elemento central de las actividades de WASH. Los CTE suelen utilizar aproximadamente 300 litros de agua por paciente al día, principalmente para la lavandería, la limpieza y la desinfección.

    Se instalan puntos de lavado de manos en lugares estratégicos del centro, se gestiona la lavandería de forma segura y se tratan las aguas residuales de manera que se evite la contaminación.

    Cuando los pacientes se recuperan y están preparados para abandonar el centro, se lavan a fondo, se cambian de ropa y se desinfectan sus zapatos y pertenencias antes de recibir el alta.

    El apoyo de WASH también se extiende más allá de los centros de tratamiento. Los equipos especializados limpian y desinfectan las ambulancias después de transportar a pacientes con sospecha o diagnóstico confirmado de Ébola, así como los domicilios de las personas infectadas.

    Estas actividades son fundamentales para proteger a los familiares frente al contagio y generar confianza entre las comunidades afectadas.

    Los equipos también colaboran en la realización de entierros seguros. Una persona que ha fallecido a causa de la enfermedad por el virus del Ébola sigue siendo altamente infecciosa. Los cuerpos deben manipularse cuidadosamente, lavarse y prepararse por equipos formados, introducirse en bolsas impermeables para cadáveres y enterrarse de manera que se evite el contacto con los fluidos corporales y se proteja tanto a las personas que asisten al funeral como al conjunto de la comunidad.

    • Una niña de cinco años recibe su certificado de alta tras pasar diez días en el Centro de Tratamiento del Ébola.

    Participación y colaboración con la comunidad

    Las comunidades desempeñan un papel crucial para poner fin a los brotes de la enfermedad por el virus del Ébola.

    Trabajar en colaboración con los líderes comunitarios ayuda a garantizar que se comparta información correcta sobre la enfermedad entre las comunidades afectadas. También permite que las personas adapten sus comportamientos para protegerse a sí mismas y a sus familias, y para buscar atención médica cuando sea necesario.

    Todo ello contribuye, además, a generar confianza en la respuesta global al brote.

    La vigilancia comunitaria —en la que los propios miembros de la comunidad recopilan información sobre lo que ocurre en su entorno— también es fundamental para comprender cómo se está propagando el brote.

    Participación y colaboración con la comunidad en detalle

    El Ébola es una enfermedad que provoca un gran temor y que ha afectado a familias y comunidades enteras en un contexto ya marcado por los conflictos, los desplazamientos de población, la inseguridad alimentaria y un acceso muy limitado a la atención sanitaria.

    Durante años, muchas personas se han visto obligadas a recurrir a centros sanitarios privados o religiosos, o a curanderos tradicionales, para recibir atención médica.

    Es comprensible que algunas personas cuestionen la repentina movilización de recursos y la atención internacional dirigida a la enfermedad por el virus del Ébola, especialmente cuando muchas de sus necesidades básicas llevan décadas sin estar cubiertas.

    Este miedo, frustración e incertidumbre pueden generar desconfianza hacia las organizaciones humanitarias y sanitarias.

    Al mismo tiempo, las mujeres siguen dando a luz, los niños siguen necesitando vacunas y la población continúa expuesta a otras enfermedades, como la malaria y el cólera.

    Por este motivo, la atención a la enfermedad por el virus del Ébola debe integrarse en la respuesta sanitaria general de RDC, tanto para favorecer la aceptación de las intervenciones por parte de la comunidad como para garantizar que se sigan atendiendo otras necesidades sanitarias urgentes.

    Para responder eficazmente al brote, es fundamental que las personas de las zonas afectadas comprendan la enfermedad y participen activamente en la respuesta.

    Esto incluye compartir información mediante actividades de promoción de la salud dirigidas a diferentes grupos de la comunidad y, al mismo tiempo, colaborar con ellos para comprender mejor sus prácticas locales, creencias, necesidades y expectativas.

    La participación comunitaria es un proceso participativo que da prioridad a escuchar las preocupaciones y opiniones de las personas, mantener una comunicación bidireccional y fomentar la colaboración.

    Escuchar a los miembros de la comunidad —incluidos los pacientes— y responder a sus comentarios y preocupaciones es esencial para generar confianza y hacer que la respuesta sea más eficaz.

    Para apoyar este proceso, los equipos de MSF trabajan estrechamente con los líderes locales, incluidos los grupos de mujeres, los líderes tradicionales y los grupos juveniles.

    En las provincias de Ituri y Kivu Norte, los equipos de promoción de la salud de MSF también han trabajado con conductores de mototaxis, que proporcionan la mayor parte del transporte local y pueden desempeñar un papel importante a la hora de difundir información precisa y ayudar a protegerse a sí mismos y a sus pasajeros.

    La vigilancia comunitaria y el rastreo de contactos también son esenciales para identificar rápidamente a las personas que podrían haberse infectado.

    En la vigilancia comunitaria, los propios miembros de la comunidad ayudan a identificar y comunicar posibles casos de enfermedad por el virus del Ébola u otros riesgos para la salud dentro de sus comunidades.

    Al alertar a las autoridades sanitarias con antelación, contribuyen a que los equipos detecten nuevos casos más rápidamente y puedan responder antes.

    Otras actividades comunitarias también pueden ayudar a proteger a la población y generar confianza.

    Por ejemplo, en algunas zonas, los equipos desinfectan los domicilios de las personas que han dado positivo en las pruebas de Ébola y están recibiendo tratamiento en centros especializados.

    Esto ayuda a reducir el riesgo de que la enfermedad siga propagándose y a proteger a los demás miembros de la familia.

    • Miembros de los equipos de MSF atienden a un paciente que padece ébola. Centro de tratamiento del ébola de Kitatumba, en Butembo. Septiembre de 2026.

    Atención a los pacientes

    La atención a los pacientes es una parte fundamental de la respuesta al ébola. Consiste en cuidar a las personas que padecen la enfermedad de forma segura y respetuosa, ofreciéndoles las mejores posibilidades de recuperación y, al mismo tiempo, reduciendo el riesgo de contagio a otras personas.

    Aunque actualmente no existe un tratamiento curativo específico ni una vacuna contra el virus Bundibugyo —responsable del brote actual—, la atención de apoyo temprana puede salvar vidas.

    Los pacientes pueden recibir tratamiento para síntomas como el dolor, la fiebre, los vómitos y la diarrea. Esta atención incluye la administración de líquidos, alimentación, descanso y tratamiento para otras enfermedades como la malaria.

    La atención a los pacientes también contribuye a generar confianza. Cuando las personas saben que los centros de tratamiento ofrecen una atención segura y digna, es más probable que busquen ayuda cuanto antes.

    Esto permite a los equipos sanitarios detectar los casos antes, iniciar el tratamiento más rápidamente y reducir la propagación de la enfermedad.

    Acercar la atención sanitaria a las comunidades afectadas, por ejemplo, mediante centros de aislamiento vinculados a instalaciones sanitarias ya existentes, es especialmente importante. Esto mejora el acceso a la atención, ayuda a mantener el contacto entre los pacientes y sus familias y refuerza, al mismo tiempo, otros servicios sanitarios esenciales.

    Atención a los pacientes en detalle

    La atención a los pacientes es uno de los componentes más importantes de la respuesta a la enfermedad por el virus del Ébola.

    Consiste en cuidar a las personas enfermas de manera segura, solidaria y respetuosa. Esto les ofrece las mejores posibilidades de recuperación y, al mismo tiempo, ayuda a impedir que la enfermedad se propague a otras personas.

    Aunque actualmente no existen tratamientos específicos ni vacunas disponibles específicamente contra el virus Bundibugyo, la atención de apoyo temprana puede salvar vidas.

    Cuando las personas que padecen la enfermedad por el virus del Ébola son identificadas a tiempo y trasladadas a un centro donde pueden recibir atención de forma segura, se les puede tratar síntomas como el dolor, la fiebre, la debilidad, los vómitos y la diarrea.

    También pueden recibir agua, alimentos, descanso y tratamiento para otras enfermedades como la malaria.

    Incluso sin un tratamiento específico contra el virus, este tipo de atención puede ayudar a mantener el organismo lo suficientemente fuerte como para combatir la infección.

    La atención a los pacientes también es esencial para proteger a sus familias, al personal sanitario y a las comunidades. Cuando los pacientes reciben tratamiento en instalaciones preparadas que cuentan con medidas adecuadas de prevención y control de infecciones, se reduce el riesgo de transmisión a otras personas.

    Una buena atención a los pacientes también contribuye a generar confianza. Cuando las personas creen que los centros de tratamiento ofrecen una atención segura y digna, es más probable que busquen ayuda de forma temprana.

    Esto facilita la identificación rápida de los casos, el inicio más temprano del tratamiento, la reducción de la transmisión y la disminución del miedo en la comunidad.

    Acercar la atención de la enfermedad por el virus del Ébola a las comunidades afectadas también es esencial para mejorar la confianza y la aceptación de las intervenciones.

    MSF trabajamos con las comunidades para integrar centros de aislamiento para pacientes con Ébola en instalaciones sanitarias ya existentes, al tiempo que reforzamos los servicios generales de atención sanitaria en las zonas afectadas.

    Esto permite acercar la atención a la enfermedad por el virus del Ébola al entorno de los pacientes, de modo que sus familias puedan visitarlos, las personas puedan someterse a pruebas y el tratamiento de apoyo pueda comenzar rápidamente, incluso antes de que un paciente sea trasladado a un centro especializado en el tratamiento del Ébola.

    Además, contribuye a atender otras necesidades sanitarias importantes de la comunidad que van más allá de la propia enfermedad por el virus del Ébola.

    Por todos estos motivos, la atención a los pacientes es un elemento clave de la respuesta a la enfermedad por el virus del Ébola. Salva vidas, ayuda a reducir la propagación de la enfermedad, protege al personal sanitario y a las comunidades, y demuestra a la población que la respuesta está ahí para apoyarla.