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30.06.2017

Libia: cómo prestar atención médica durante todo el viaje migratorio

En su ruta a través de Libia, ¿cuántas personas mueren antes de embarcase en el Mediterráneo en frágiles balsas? ¿cómo podemos ayudarlas en los peores momentos de su travesía? Nuestro coordinador general en Libia analiza la situación.

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Desde julio de 2016, prestamos atención primaria y asistencia médica de urgencia a refugiados y migrantes detenidos en Trípoli, la capital de Libia. A principios de 2017, nuestros equipos abrieron un nuevo proyecto ampliado recientemente para atender a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo en la zona de Misrata.

Jean-Guy Vataux, nuestro coordinador general en Libia, relata que la mayoría de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo sufren robos, violencia y torturas, caen en manos de redes criminales, y son encarcelados. Algunos también mueren.  

Hacinamiento y violencia
“Nuestros equipos empezaron las actividades hace unos meses en tres centros de detención, formalmente bajo la autoridad de la Dirección para Combatir la Migración Ilegal (DCIM), ubicados en la ciudad de Misrata y en sus alrededores.

El número de detenidos varía de una semana a otra. En los centros conviven personas interceptadas en el mar por los guardacostas libios con otras arrestadas en ciudades, en puestos de control... Otras llegan desde otros centros de detención en Trípoli. A veces nos encontramos a personas detenidas que llevan años viviendo y trabajando en Libia. Que a un migrante que vive con su familia en Libia le diagnostiquen hepatitis C es motivo suficiente para enviarlo a la cárcel.

Dentro de esos centros de detención, nuestros equipos han comenzado a brindar consultas médicas. La mayoría de los problemas de salud que afectan a los pacientes que vemos están directamente relacionados con las condiciones de detención y la violencia sufrida durante su viaje: enfermedades de la piel, sarna, diarrea, infecciones respiratorias, dolor muscular, heridas, pero también trastornos psicosomáticos. También facilitamos derivaciones a atención secundaria y especializada para pacientes que presentan fracturas, por ejemplo. Asímismo, distribuimos artículos de primera necesidad y para la higiene personal.

Si bien es posible mejorar ligeramente las condiciones materiales de detención, no debemos perder de vista la cuestión central: las personas son encarceladas, teóricamente en espera de expulsión, siguiendo un proceso opaco que niega sus derechos básicos”.

Forzados a trabajar
“La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) estima que en la actualidad hay más de 380 000 migrantes en Libia y calcula ya son cerca de 7.100 los detenidos en los 27 centros oficialmente gestionados por la DCIM, en su mayoría en Trípoli.

De hecho, las personas detenidas en centros bajo la autoridad del DCIM representan una pequeña parte de la población total de migrantes y refugiados en Libia.

Algunas de ellas vinieron a trabajar para en Libia -una vez ‘El Dorado’ económico para los ciudadanos de los países vecinos-; otras llegaron para tratar de ganar dinero y así pagar su travesía por el Mediterráneo, aunque se ven sometidas a trabajos forzodos fuera de los períodos de detención; y otras simplemente inician su viaje a través de Libia.

La ruta a través del desierto de Libia y las estancias en los centros ‘no oficiales’ -es decir, las casas y los almacenes gestionados por redes criminales- son una experiencia insoportable para quienes lograron sobrevivir. Desgraciadamente, aún son un punto ciego para nosotros.

En 2016, más de 5.000 personas perdieron la vida en el Mediterráneo, y en lo que llevamos de 2017 el número de víctimas mortales ya ha superado las 2.000.

Pero ¿cuántos mueren antes de llegar a la costa y embarcarse en las frágiles balsas? Hay muchas razones para creer que estamos ante una hecatombe silenciosa”. 

Nuevos retos para atenderles
“Este mes hemos abierto una clínica en Misrata para atender a migrantes y refugiados que viven y trabajan aquí. El objetivo, entender mejor sus problemas y proporcionar atención médica gratuita y confidencial. El respeto de la confidencialidad médica es clave en este contexto en el que el desarrollo de ciertas enfermedades puede ser motivo de detención y expulsión. Al mismo tiempo, continuamos con nuestras actividades en los centros de detención.

Tras todo lo expuesto, ¿cómo podemos estar junto a esta gente en los peores momentos de su viaje migratorio? En estos momentos, no tenemos una respuesta. Seguimos tratando de conseguir acceso a estas personas durante su camino río arriba hacia las ciudades costeras. Está por ver qué tipo de espacio de trabajo podemos negociar o no. El riesgo de fracaso es importante. Desde luego, tenemos que diseñar y desarrollar otros modelos operacionales para llegar a estas personas.

Nuestro equipo acude regularmente al sur de Misrata. La morgue local recibe una media de diez cadáveres por semana de personas a las que se califica como ‘migrantes’. En mi opinión, podríamos al menos hacer más para restablecer la dignidad de estas personas anónimas”. 

Trabajamos en Libia desde 2011, donde apoyamos al sistema de salud nacional afectado por la reanudación de la guerra y la consiguiente recesión económica. En los centros sanitarios, los medicamentos y el personal escasean. Respondemos con donaciones a centros de salud públicos, incluyendo las áreas de control de infecciones y las unidades de urgencias. Cuando es necesario, también reaccionamos a las consecuencias del conflicto, ayudando a las poblaciones desplazadas por los combates en Bengasi, por ejemplo, donde brindamos atención pediátrica, ginecológica y obstétrica, y proporcionamos servicios de salud mental a niños y familias afectadas por el conflicto.