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02.11.2016

República Centroafricana, un país inestable de paz relativa que todavía necesita mucha ayuda

La estabilización y normalización del país africano no son tales. Para el 2017, RCA solo recibirá un 28% de la ayuda humanitaria que realmente necesita: 2,3 millones de personas, la mitad de la población, dependen de ella para sobrevivir.

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La ciudad de Bangassou, en el suroeste de República Centroafricana (RCA), podría ser ‘el modelo’ de un discurso erróneamente optimista que gira alrededor de la ‘estabilización’ y ‘normalización’ del país tras sus últimas elecciones.

Los pocos edificios coloniales en la ciudad siguen marcados por los agujeros de bala, un vestigio de la toma de poder por parte de la coalición rebelde Seleka que obligó a la gente a huir del lugar.

Después de casi dos años de una ausencia prácticamente total, las autoridades del estado han regresado. Un fiscal se reintegró en diciembre del año pasado; seguido por un juez, 30 alguaciles, personal de servicio social y un inspector de trabajo.

Sin embargo, este regreso no significa que todo vuelva a la normalidad: Bangassou sigue siendo un espacio de paz relativa en una región altamente inestable.

En junio de 2016, durante una emboscada, el conductor de un convoy de MSF debidamente identificado y que transportaba suministros desde Bangui, fue asesinado por hombres armados.

En el este de Bangassou, las bandas que rondan por la zona imitando el modus operandi del Ejército de Resistencia del Señor (ERS) aterrorizan las aldeas, saquean los cultivos y secuestran a las personas.

Debido a la inseguridad y a pesar de la gran necesidad, tuvimos que cancelar una campaña de vacunación para los niños de la zona.

Problemas sin resolver

Desde que comenzaron las elecciones generales en 2016, se presenta a RCA como si estuviera en el camino hacia la recuperación, a pesar de la inseguridad.

Durante las últimas semanas, los picos de violencia a lo largo del país han menguado este entusiasmo, pero aun así la llamada ‘normalización’ ha llevado a una disminución constante de los presupuestos de ayuda humanitaria en el país.

Actualmente, solo se ha formalizado el 28% del presupuesto necesario para proporcionar ayuda humanitaria en 2017, a pesar de que las necesidades son enormes: 850.000 personas están internamente desplazadas o han encontrado refugio en algún país cercano, y 2,3 millones de personas, la mitad de la población del país, dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir.

Y es que, en RCA, las cosas no han regresado a la normalidad. “¿Qué significa ‘normal’ en un país que ha estado en una crisis prolongada durante décadas? Puede que la fase más grave haya terminado, pero los problemas están lejos de ser resueltos”, asegura Emmanuel Lampaert, nuestro coordinador en el país.

Infecciones evitables

El mercado de los lunes por la mañana en Mbalazime, una aldea a 12 kilómetros de Bangassou, reúne a multitudes en una clínica que apoyamos, al lado de este mercado.

En la entrada hay un cartel que dice La atención es gratuita, lo que marca una gran diferencia.

Una consulta en una clínica cercana normalmente cuesta entre 2.500 y 3.000 francos de África central (entre 3,7 y 6 euros). Por el mismo precio, puedes comprar un recipiente de plástico lleno de arroz, suficiente alimento básico para mantener durante un mes a una familia entera.

Las clínicas y centros de salud locales, desabastecidos y con escasez de personal, luchan por ofrecer servicios adecuados a la población. En el hospital regional de 118 camas que apoyamos en Bangassou, las consecuencias de la falta de asistencia médica son notables.

Durante su tercer día de trabajo en el hospital, el doctor Osmar Sosa del Toro realizó 12 cirugías, todas ellas urgentes.

Una mujer tenía un intestino perforado debido a una cesárea fallida realizada un mes antes. Un bebé de seis meses llegó con un absceso totalmente infectado en su pierna izquierda. “Le habían pinchado una semana antes en una clínica, pero se hizo mal y su pierna se infectó gravemente; esto puede provocar un grave choque séptico en un niño tan pequeño”, dice el cirujano.

El registro de admisiones del departamento pediátrico muestra que este tipo de infecciones son comunes.

Un país aún (muy) herido

Al otro lado, en la sección de desnutrición que forma parte del departamento de pediatría, la doctora Ilaria Moneta hace sus rondas.

La desnutrición, a menudo fruto de enfermedades constantes, es un problema crónico. “Es raro porque en la mayoría de los hogares de nuestros pacientes hay comida. Pero es muy difícil para los padres motivar a un niño enfermo y lograr que coma, o conocer la forma adecuada de alimentar a un niño. Es una pendiente resbaladiza: los niños se enferman y no comen, así que se debilitan y vuelven a enfermarse”, explica la pediatra.

Un informe reciente coloca a Repúblico Centroafricana (RCA) -seguida de Chad y Zambia- como el país más afectado a causa de la desnutrición. Sin embargo, durante la primera parte de 2016, sólo el 25% de los niños que sufrían de desnutrición recibieron atención adecuada, según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA por sus siglas en inglés).

El próximo 17 de noviembre, los donantes se reunirán en Bruselas para planear los siguientes pasos a seguir para apoyar a la RCA. Hasta el momento, las cosas no son alentadoras para la gente en el país.

Debido a la disminución de los presupuestos, algunas ONGs internacionales han comenzado a reducir sus actividades incluso cuando en Bangassou, al igual que en todo el país, las necesidades siguen siendo enormes.

“Si RCA fuera uno de nuestros pacientes, podríamos decir que es un paciente que salió de la sala de urgencias pero aún necesita cuidados intensivos. Darle el alta ahora traería trágicas consecuencias”, asegura Emmanuel Lampaert.