Back to top

Meningitis

-A A +A

La meningitis meningocócica, provocada por la bacteria Neisseria meningitidis, es una enfermedad muy contagiosa que causa la inflamación grave de las meninges, las finas membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. Aunque cualquier persona puede resultar infectada, los bebés y los niños son especialmente vulnerables.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los últimos 20 años se han reportado cerca de un millón de casos sospechosos en todo el mundo y 100.000 personas han muerto a causa de la enfermedad. La región más afectada es África, sobre todo los 26 países situados en la franja conocida como 'cinturón de la meningitis', que cruza el continente de este a oeste, desde Senegal a Etiopía. En estos países, donde hay 430 millones de personas en riesgo de contraerla, las epidemias recurrentes se cobran cada año entre 2.000 y 20.000 vidas, de un total de entre 20.000 y 200.000 casos.

¿Cómo se transmite?

La infección se transmite solamente de persona a persona, a través de gotas de saliva. Por eso, un clima seco y ventoso fomenta su propagación: la garganta se irrita y deja de actuar como barrera para las bacterias. El hacinamiento, por ejemplo en campos de refugiados, es otro factor de riesgo.

Según la OMS, entre un 10 y un 25% de la población mundial es portadora de bacterias meningocócicas, pero la gran mayoría son portadores sanos. Una persona puede ser portadora de la bacteria sin presentar síntomas y propagarla al toser o estornudar. En general, una persona puede ser portadora de las bacterias durante un periodo de entre 5 y 15 semanas.

¿Qué síntomas tiene?

Los síntomas dependen de la edad del enfermo. Los niños mayores de 1 año y los adultos pueden tener fiebre, intensos dolores de cabeza, fotosensibilidad o rigidez de nuca, y en las formas graves, coma, convulsiones o alteraciones neurológicas. Los niños menores de 1 año presentan normalmente irritabilidad, fiebre, hipotermia y una alteración del estado general (como vómitos o rechazo de alimentos). La muerte puede sobrevenir a las pocas horas de la aparición de los síntomas y sin tratamiento pueden morir hasta un 50% de las personas infectadas.

¿Cómo se diagnostica?

Diagnosticar la meningitis suele resultar difícil, y debe hacerse rápidamente, debido a la fulminante progresión de la enfermedad. El diagnóstico requiere el examen de una muestra de líquido cefalorraquídeo (que se obtiene mediante una punción en la médula). Si hay infección, el líquido es turbio y contiene bacterias que pueden analizarse en el laboratorio para identificar el germen responsable; las bacterias entonces se cultivan para determinar su sensibilidad a los antibióticos disponibles. La identificación rápida del serogrupo –A, B, C, W135, X o Y– es muy importante ya que del resultado dependerán el riesgo de epidemia y también qué vacunas pueden utilizarse si hay que lanzar una campaña.

¿Cómo se trata?

Esta enfermedad es una urgencia médica. El tratamiento consiste en antibióticos específicos, que penetran en el líquido cefalorraquídeo. El de primera línea es la ceftriaxona, que se administra durante cinco días a pacientes mayores de 2 meses; los bebés más pequeños necesitan siete días de tratamiento. También debe asegurarse una buena alimentación e hidratación del paciente, y prestar atención al cuidado de la boca y los ojos para evitar úlceras.

No obstante, incluso con tratamiento adecuado, entre el 5 y el 10% de los afectados fallece antes de dos días, y uno de cada cinco supervivientes puede sufrir secuelas, que van desde pérdidas de oído a problemas de aprendizaje.

¿Puede prevenirse?

La vacunación masiva temprana es el medio más eficaz para limitar la propagación de epidemias. La OMS considera que las inmunizaciones masivas contra las diferentes cepas de la meningitis han logrado prevenir hasta el 70% de los casos que podían esperarse en los brotes en África.

Concretamente, la lucha contra la meningitis A ha experimentado grandes avances: la organización sin ánimo de lucro Path y el Instituto Serum de India han desarrollado una nueva vacuna contra esta cepa, MenAfriVac, que protege durante 10 años e impide que los portadores sanos transmitan la enfermedad. Desde 2010, se han llevado a cabo campañas de vacunación masiva preventivas en Benín, Burkina Faso, Camerún, Chad, Ghana, Mali, Níger, Nigeria, Senegal, Etiopía y Sudán, que se han traducido en una reducción del número de nuevos casos.

Sin embargo, siguen produciéndose brotes provocados por otras cepas; en 2015, se produjo la primera gran epidemia de meningitis C en Níger y Nigeria, que ha vuelto a repetirse en 2016.

MSF y la meningitis

Nuestra respuesta a un brote de meningitis se basa en el tratamiento y en la vacunación: trabajamos en colaboración con las autoridades locales y nacionales de salud para reforzar o crear un sistema de monitorización epidemiológica, tratar a los enfermos y, en caso necesario, organizar campañas de vacunación; estas últimas incluyen actividades de información y sensibilización comunitaria acerca de las ventajas de la inmunización. En 2016, vacunamos a 169.200 personas como respuesta a brotes de meningitis.

Además, en el ámbito internacional, formamos parte del Grupo Internacional de Coordinación de la Provisión de Vacunas para el Control de las Epidemias de Meningitis (ICG), que, partiendo de los análisis epidemiológicos pertinentes, se encarga de garantizar el reparto equitativo de las vacunas.

La MenAfriVac ha sido administrada a más de 200 millones de personas y ha permitido reducir los brotes de meningitis A, pero otras cepas siguen causando epidemias: la W135 y la C son especialmente letales para los niños y los adultos jóvenes. En Nigeria por ejemplo se han repetido epidemias de meningitis C en 2013, 2014, 2015 y 2016; esos dos últimos años, el brote también se extendió a Níger. La lucha contra la meningitis requiere nuevas vacunas, más campañas de inmunización y mejores protocolos de respuesta a brotes y sistemas de vigilancia epidemiológica.