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Desastres naturales

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Los fenómenos naturales de gran magnitud, cuando se producen cerca de zonas habitadas, suelen provocar terribles pérdidas humanas y materiales: hablamos de terremotos, huracanes, tsunamis, inundaciones o deslizamientos de tierra, entre otros.

Sus efectos son especialmente graves cuando no hay sistemas de alerta temprana que permitan que la población se prepare o proteja, ni tampoco recursos apropiados para responder a las necesidades que provocan. En cuestión de minutos, una catástrofe de este tipo puede matar, herir o afectar a miles de personas, destruir ciudades enteras y medios de vida (cultivos, ganados, pesquerías, etc.), e inutilizar infraestructuras de transporte, comunicación, electricidad, agua, saneamiento y atención médica.

En los últimos años, ha aumentado el balance de heridos que provocan los desastres naturales, sin duda debido a la creciente urbanización de la población mundial y a las deficientes condiciones en que esta se lleva a cabo en países sin recursos (construcciones de mala calidad, infraestructuras de agua y saneamiento insuficientes, etc.).

En desastres naturales, la inmediatez de la respuesta médico-humanitaria es crucial para salvar el máximo de vidas posible.

¿Cuáles son las prioridades médicas?

No todos los desastres naturales provocan las mismas consecuencias, por lo que el primer paso en la respuesta de una organización como MSF es evaluar las necesidades de los afectados, con el fin de que la asistencia sea adecuada y pertinente. Puede ocurrir que haya numerosos heridos y el sistema de salud local no pueda atenderlos, como ocurrió tras el terremoto de Haití de 2010; en aquella crisis, la atención médica proporcionada por MSF se centró en la estabilización de heridos, la cirugía y la atención posoperatoria. Todo ello debe realizarse con la máxima urgencia con el fin de evitar complicaciones si las heridas se infectan. En una segunda fase, debe darse atención ortopédica y de rehabilitación para asegurar la plena recuperación de los pacientes.

En el caso de personas que hayan sido rescatadas de los escombros, además de politraumatismo, pueden sufrir síndrome de aplastamiento: es una insuficiencia renal aguda provocada por la acumulación en la sangre de toxinas procedentes de los tejidos y músculos dañados. Los riñones no son capaces de eliminarlas todas, y el paciente requiere una diálisis urgente ya que esta dolencia es mortal si no se trata.

Además, si el sistema de salud ha quedado gravemente dañado o está saturado por el flujo de heridos, deben ponerse en marcha servicios obstétricos, con el fin de atender a las mujeres embarazadas o de parto.

Por otra parte, contrariamente a lo que se piensa, no existe riesgo de epidemias debido a la presencia de cadáveres, ya que estas personas murieron a consecuencia del desastre y no por una enfermedad infecciosa. Es importante, sin embargo, asegurar el entierro de los cuerpos para no traumatizar aún más a una población ya muy afectada (MSF no realiza este tipo de tareas, con el fin de poder concentrarse en la atención médica).

Sí pueden darse enfermedades relacionadas a la mala calidad del agua si las condiciones de los afectados siguen deteriorándose. Por eso siempre es urgente la distribución de agua potable, por un lado para evitar deshidrataciones, y por otro para evitar que los damnificados acaben bebiendo agua contaminada y contraigan enfermedades diarreicas, a las que los niños son muy vulnerables.

La distribución de artículos de primera necesidad es esencial para asegurar buenas condiciones de higiene y abrigo en los lugares donde los afectados se reagrupan, ya que el hacinamiento, la falta de aseo o la exposición al frío facilitan la aparición de enfermedades. Por ejemplo, pueden darse brotes de sarampión, neumonía o cólera.

Finalmente, la experiencia en desastres naturales como el tsunami de 2004 en sl sureste asiático o el terremoto de Haití en 2010 nos ha enseñado que la respuesta a las necesidades de salud mental también es esencial dentro de la respuesta de urgencia: es la mejor forma de prevenir consecuencias a largo plazo. En estas crisis, a menudo llegan a los centros de salud personas con dolor de cabeza, de espalda o dificultades respiratorias, síntomas que a menudo se relacionan con el estrés que han sufrido; nuestros equipos les proporcionan apoyo psicológico.

¿Cuáles son las prioridades logísticas?

Dado que la respuesta a un desastre natural debe ser inmediata si quiere salvar vidas, el envío de material médico vital es una prioridad para nosotros. Una vez en la zona afectada, es necesario identificar estructuras sanitarias en las que poder trabajar y, de no ser posible, instalar hospitales y dispensarios lo antes posible (mediante estructuras temporales, como tiendas de campaña, estructuras hinchables o contenedores prefabricados).

Todo ello requiere la movilización de una importante cadena logística, que comienza en nuestros centros de aprovisionamiento en Europa, donde todos los materiales necesarios para este tipo de intervenciones están ya preparados para su envío. Tienes más información sobre nuestra logística aquí.

MSF y los desastres naturales

Entre los acontecimientos que desembocaron en el nacimiento de MSF, se encuentran dos desastres naturales acaecidos en 1970: el terremoto de Perú y las inundaciones en Pakistán Oriental (actual Bangladesh). En ambas catástrofes, se puso de manifiesto que la respuesta internacional requería una mayor profesionalización y adaptación a este tipo de crisis, y en especial una intervención médica inmediata.

Desde entonces, hemos respondido a numerosos desastres naturales, intentando mejorar la eficacia de nuestra respuesta: los terremotos de Nicaragua (1972), El Salvador, India y Perú (todos en 2001, y en Perú de nuevo en 2007), Armenia (1988), Irán (2003), Chile (2010), Japón (2011, seguido de un tsunami) o Nepal (2015); los huracanes Mitch (Centroamérica, 1998), Nargis (Myanmar, 2008), Gustav (Haití, 2008) o Haiyan (Filipinas, 2013); las inundaciones de Mozambique (2000) o Pakistán (2010); o el tsunami de 2004 en el sureste asiático.

Mención aparte merecen los terremotos de Pakistán (2005), el primero en el que nuestros equipos se enfrentaron a una ingente cantidad de heridos politraumatizados, en una zona de muy difícil acceso; y Haití (2010), cuyo brutal impacto en Puerto Príncipe y sus alrededores nos llevó a lanzar la operación de asistencia más importante de nuestra historia.