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Tuberculosis

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La tuberculosis (TB) es una enfermedad contagiosa que se transmite por el aire. Un tercio de la población mundial está infectada con el bacilo, pero solo una de cada 10 personas desarrolla la forma activa. Un sistema inmunológico sano la mantiene en estado latente (no presenta síntomas ni puede transmitirse), pero la enfermedad se desarrolla fácilmente en un sistema inmunológico debilitado y por eso es tan común en las personas con VIH. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2014, 9,6 millones de personas desarrollaron la enfermedad y 1,5 millones murieron a consecuencia de ella; el 85% de los casos se dan en Asia, África y Europa del este.

Además, debido a las deficiencias en el manejo de la enfermedad y a la mala adherencia de los pacientes a los tratamientos, se están propagando cepas resistentes a los medicamentos más comunes: en 2014, cerca de 480.000 personas desarrollaron TB multirresistente (TB-MDR). Esta tendencia y la rápida expansión de la TB entre las personas con VIH han provocado que la enfermedad esté cada vez más fuera de control.

¿Cómo se transmite y qué síntomas tiene?

La TB, que afecta principalmente a los pulmones, se propaga por el aire al toser, estornudar o escupir. Se estima que una persona con la forma activa puede infectar a entre 10 y 15 personas al año. La incidencia es mucho mayor entre personas con VIH, entre quienes es la primera causa de muerte.

Los síntomas de la tuberculosis pulmonar son tos persistente, fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. Pero la infección también puede afectar a casi cualquier parte del cuerpo, como los nódulos linfáticos, la espina dorsal o los huesos: se trata de la TB extrapulmonar, más frecuente en pacientes VIH-positivos y en niños.

¿Cómo se diagnostica?

Las técnicas más utilizadas en países en desarrollo se basan en el análisis microscópico de las muestras de esputo, un método inventado hace más de un siglo y que detecta menos de la mitad de los casos. Supone un problema añadido en el caso de los niños (ya que su esputo contiene pocos bacilos) y en los bebés (donde directamente es imposible tomar una muestra).

Otra alternativa es el cultivo de muestras de esputo, para comprobar si contienen micobacterias vivas; es una técnica más precisa, pero necesita un laboratorio con personal formado y los resultados pueden tardar hasta ocho semanas. Esto significa que los médicos a menudo se ven obligados a empezar a medicar a los pacientes antes de conocer su diagnóstico completo, por lo que el tratamiento se administra a ciegas y no siempre es el adecuado.

Una prueba más reciente, basada en la tecnología molecular, proporciona resultados en apenas dos horas e incluso detecta ciertas resistencias a medicamentos como la rifampicina (uno de los más potentes). Aunque requiere una máquina de alta tecnología (con un suministro eléctrico estable), es fácil de usar por un técnico que haya recibido una rápida formación. La muestra de esputo (mezclada con un reactivo) se introduce en la máquina, que detecta tanto las bacterias de la TB como aquellas que son resistentes a la rifampicina. En todo caso, tampoco es perfecta: un reciente estudio en Suazilandia ha identificado que más de un 25% de las cepas de TB-MDR portan una mutación que esta tecnología no es capaz de detectar.

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la TB dura un mínimo de seis meses: se utiliza una combinación de medicamentos desarrollados hace más de 40 años. Las combinaciones para niños han sido introducidas recientemente.

Las cepas resistentes a los tratamientos dificultan enormemente la atención a los enfermos. La tuberculosis resistente (TB-DR) presenta resistencias a uno o más medicamentos de primera línea.

La TB multirresistente (TB-MDR) es resistente a al menos dos de los medicamentos más potentes (isoniacida y rifampicina); esta forma puede curarse con medicamentos de segunda línea, pero el tratamiento es largo (dos años), complicado, caro y tiene muchos efectos secundarios. Para el tratamiento de la TB multirresistente, existen dos nuevos fármacos, la bedaquilina y el delamanid, más cortos y fáciles de administrar; sin embargo, apenas un 2% de los enfermos los reciben.

La extrarresistente (TB-XDR) define a las cepas de TB-MDR que, además, son resistentes a los medicamentos de segunda línea, incluyendo al menos uno de las fluoroquinolonas y al menos uno de los de segunda línea inyectables (capreomicina, kanamicina y amicacina). El tratamiento por tanto también es complicadísimo, y muy pocos pacientes sobreviven a la enfermedad.

MSF y la tuberculosis

Llevamos 30 años implicados en la atención a enfermos de TB: hemos trabajado codo con codo con las autoridades nacionales de numerosos países para proporcionar diagnóstico, tratamiento y cuidados en zonas de conflicto, campos de desplazados y refugiados, apartadas regiones rurales, barrios chabolistas en grandes ciudades e incluso en las prisiones. En 1999, empezamos a atender a personas con formas resistentes de la enfermedad y en la actualidad somos uno de los principales proveedores de tratamiento para estos pacientes. En 2014, tratamos a 21.500 personas con TB, de las cuales 1.800 tenían TB-MDR.

Cerca de un millón de niños padecen TB y 140.000 mueren cada año. Hasta ahora, para tratarlos había que trocear las pastillas para adultos. Pero en 2015 empezamos a utilizar en Níger la primera combinación de medicamentos adaptada a los niños, creada a partir de tres fármacos ya existentes: son menos pastillas y además son fácilmente solubles y tienen un sabor agradable. No obstante, el tratamiento sigue siendo largo: seis meses. Necesitamos nuevos medicamentos en lugar de los que se vienen utilizando desde hace 50 años, para acortar los tiempos de tratamiento, ya que cuanto más largos son estos, mayor es el riesgo de resistencias. También urge el desarrollo de métodos de diagnóstico adaptados a los más pequeños.