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50 años de conflictos: MSF y las guerras

El nacimiento de nuestra organización está íntimamente ligado a la guerra. Hoy, medio siglo después, las poblaciones víctimas de conflictos siguen siendo nuestra prioridad: ya sea en Siria, en Yemen, en Etiopía o en Mozambique…

Cumplimos 50 años como organización médico-humanitaria y, por definición, 50 años de conflictos. Porque el nacimiento de Médicos Sin Fronteras, en 1971, está ligado a la guerra: en la de Biafra (Nigeria), a finales de los años 60 empezó a gestarse lo que más tarde seríamos.

La guerra supone el enfrentamiento directo de facciones armadas regulares o irregulares con un objetivo determinado y es la manifestación más violenta de un conflicto entre diferentes grupos humanos. En los casos más extremos, la guerra persigue conscientemente la destrucción total del enemigo. Es el caso de Siria, por ejemplo, que cumple ya 10 años de guerra.

Siria, Yemen, Mozambique, Etiopía… cada año, permanecen abiertos en el mundo más de 30 conflictos. Desde principios del siglo XX, el impacto directo de las guerras en las poblaciones civiles se ha ido agravando: a menudo son víctimas buscadas de los bombardeos, ataques y abusos, y cuando no, quedan atrapadas entre las facciones en liza sin posibilidad de recibir asistencia, o se ven obligadas a huir en las más adversas condiciones.
 

Casco antiguo de la ciudad de Mosul. Irak.

Debido a su extrema vulnerabilidad, las poblaciones víctimas de la guerra y la violencia son prioritarias para nosotros, y en particular en aquellas crisis donde las necesidades son más acuciantes y donde no hay otras organizaciones trabajando o no las suficientes. Estamos convencidos de que es ahí donde son más valiosos nuestros conocimientos médicos, nuestro respeto y defensa de los principios humanitarios y nuestra capacidad de operar en entornos de riesgo y de ejercer influencia política.

Así, trabajamos para reducir la mortalidad, la morbilidad y el sufrimiento humano de las víctimas de la guerra, de la violencia directa y de la violencia sexual. Tratamos los efectos directos de la violencia (traumatismos como fracturas o heridas de bala, o lesiones causadas por agresiones sexuales) y también sus efectos indirectos (como las epidemias).

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Nuestra asistencia médica es integral, y pone especial énfasis en la atención a menores de edad y a mujeres (por ejemplo con servicios de obstetricia de urgencia). Hemos desarrollado paquetes específicos para víctimas de la violencia sexual y también ofrecemos atención a la salud mental como componente esencial de nuestra asistencia en conflictos.
 

Desde nuestro nacimiento, hemos prestado atención médica y humanitaria en los principales conflictos de las últimas décadas: Líbano (1976 y 2006), Afganistán (desde 1980 hasta hoy), Sri Lanka (desde 1986 hasta 2012), Liberia (1990), Somalia (desde 1991 hasta 2013), las dos Guerras del Golfo (1991 y 2003), Bosnia (1992-1995), Burundi (1993), las dos guerras de Chechenia (1995 y 1999), Kosovo (1999), la segunda Intifada en los Territorios Palestinos Ocupados (2000), Sierra Leona (2000), Angola (2002), Gaza (2009), Libia (2011), Mali (desde 2012), Siria (desde 2012), Irak (desde 2013), Ucrania (desde 2014), Yemen (desde 2015) y, de forma recurrente durante los últimos años e incluso décadas en países como República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán o Sudán del Sur.

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En 2019, el 58% de nuestros casi 430 proyectos en todo el mundo se desarrollaban en contextos de conflicto armado abierto (28%), inestabilidad interna (27%) o posconflicto (3%), frente a un 42% en contextos estables. Estos son algunos de los más importantes a día de hoy.

 

Destrucción en la zona oeste de la ciudad de Raqqa, en Siria, tras los combates de mediados de octubre de 2017.



SIRIA: una década atroz

Una década después del inicio del conflicto en Siria, en 2011, cuando comenzaron las protestas localizadas que rápidamente escalaron a una gran guerra, la situación humanitaria sigue siendo devastadora.
Con nada menos que la mitad de la población siria desplazada a la fuerza (unas 12 millones de personas) que necesitan y dependen aún a día de hoy de una asistencia humanitaria urgente, la situación está lejos de mejorar. Y es que la crisis económica, la pandemia de la COVID-19 y una alarmante inseguridad alimenticia no hacen más que agravar una crisis humanitaria desesperante y cargada de necesidades.



Um y su familia viven en un campo de deplazaos tras tener que abandonar su casa para escapar de los constantes ataques aéreos en la provincia de Sa'ada, al norte de Yemen. Febrero de 2016.

YEMEN: seis años de ataques indiscriminados

Aunque los ataques aéreos disminuyeron en el último trimestre de 2019, los combates terrestres continuaron en varias gobernaciones durante todo el año, a medida que los frentes se movían, causando olas de desplazamiento y varios miles de víctimas mortales.

La destrucción de los centros de salud y la escasez de personal médico capacitado, medicamentos y suministros han contribuido al colapso de la sanidad yemení. A día de hoy, Yemen cumple seis años en guerra y la pesadilla se repite: víctimas civiles en ataques indiscriminados en la línea de frente. Desde finales de noviembre, la gran mayoría de los pacientes gravemente heridos atendidos en nuestro hospital en Mocha son mujeres y niños. Ya sean dirigidos o indiscriminados, estos ataques violan todas las reglas de la guerra. Esto tiene que terminar.

 

Un camión de agua para los desplazados en el campo la Escuela de Primaria de Shire. Región de Tigray, Etiopía.

ETIOPÍA: 50.000 personas han huido ya

A medida que se desarrolla la crisis en Etiopía desde principios de noviembre de 2020, 55.000 refugiados han huido hasta atravesar la frontera hacia Sudán. Muchos de ellos lo hicieron cruzando el río a nado y tras caminar varios días. Buscan protección y seguridad tras haber tenido que escapar con lo puesto.
“Desde que comenzaron los combates a principios de noviembre, sabemos que 50.000 personas huyeron de Tigray, y ahora están en Sudán como refugiados. Pero también sabemos que una gran parte de la población de Tigray todavía se encuentra en zonas donde apenas se ha prestado asistencia humanitaria”, explica Karline Kleijer, responsable de nuestro departamento de Emergencias, tras señalar que, en este momento, “la comida es un problema porque toda la provincia, toda la región, está de alguna manera bloqueada del resto de países”. La situación es preocupante. Nos preocupa la población, porque, cuanto, más afectará a su acceso a alimentos y repercutirá en su bienestar.

 

Una compañera mide la circunferencia braquial de un niño para comprobar si tiene desnutricón en Meluco, Cabo Delgado, Mozambique.

MOZAMBIQUE: un éxodo extremo delante de nuestros ojos

Mozambique atraviesa en la actualidad un conflicto creciente. Y es que, delante de nuestros ojos, medio millón de personas luchan por encontrar vivienda, comida y agua. Después de sobrevivir a una violencia inimaginable y un éxodo extremo, cientos de miles de mozambiqueños ahora deben lidiar con enfermedades y hambre y, sin embargo, parece que la comunidad internacional ha pasado por alto sus historias a raíz de la pandemia de COVID-19.
Desde el primer ataque a Mocimboa da Praia en octubre de 2017, Cabo Delgado ha sido devastado por los enfrentamientos entre el ejército de Mozambique y un grupo armado no estatal llamado Al Shabaab. En los últimos meses, parece que la violencia y las condiciones de vida están empeorando.
Esta región aparentemente bendecida, con playas de arena blanca y agua turquesa, se ha convertido en el infierno para muchos de sus habitantes. Para las personas atrapadas en el fuego cruzado, la vida cotidiana consiste en emboscadas, asesinatos, saqueos y secuestros.

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